¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!

Después de seis años consecutivos de crecimiento del PIB, la crisis se trasladó a los países de América Latina y el Caribe (ALC), a finales de 2008. Ningún país pudo escapar de los efectos adversos de la crisis. El PIB regional paso del 4.1% en el 2008 a -1.8% en el 2009. Los estragos empezaron a sentirse y de forma desigual, los países latinoamericanos tuvieron un desempeño diverso: la mitad experimentó un aumento y la otra mitad una contracción (la peor en México, -6.7%).
La crisis redujo el comercio internacional y con ello las exportaciones y demanda de materias primas de ALC, provocando una caída en sus precios y un deterioro en los términos de intercambio y la Balanza de Pagos. Bajaron la inversión externa (30%), la inversión interna (16%), el turismo, las remesas externas y el crédito internacional. Se observa además un aumento del gasto público, representado principalmente en los programas sociales asistencialistas, los subsidios a la inversión extranjera y los gastos militares. Aunque sigue siendo menor respecto a crisis anteriores, el déficit fiscal promedio se duplicó tornándose preocupante en la mayoría de las economías que han visto reducidos sus recursos.
La recesión se generalizó en 2009 y en el segundo trimestre, tras la notable disminución del comercio con los EE.UU. y la economía europea, toda ALC empujó su mirada hacia los mercados asiáticos, principalmente hacia China, experimentando una recuperación gradual en la segunda mitad del año. El alza en el precio mundial de las materias primas estimula también la producción industrial, el comercio con otros países y el acceso de ALC a los mercados financieros internacionales. Aun así, la economía regional está a la mitad del nivel que alcanzó durante el "boom". Considerando las nuevas expectativas de crecimiento de la economía mundial la CEPAL estima para el 2010 un una tasa promedio de crecimiento de la región del 4.5%, desde el 1.5% en Honduras al 6.0% en Brasil. Claro está, esto hace parte de las especulaciones cepalinas pues –al igual que el FMI- ya la vida la ha corregido a la baja.
Un cambio de estructura se está produciendo en el patrón exportador de la región, después de los dos años de estancamiento (1998-1999) que se produjeron como efecto de la crisis asiática, los intercambios comerciales de América Latina y el Caribe con Asia viene creciendo de manera sostenida. En 2008 el monto de las exportaciones de la región a Asia llegó a 105.000 millones de dólares, lo que equivalió a un 12% de las exportaciones totales de la región, en tanto la participación de las exportaciones a los Estados Unidos fue del 44% y la de las dirigidas a la Unión Europea del 15%. La relevancia de Asia como socio comercial es todavía mayor en las importaciones, lo que ha generado un creciente déficit comercial con esa región. Este hecho ha incentivado a varios países de la región a evaluar la posibilidad de avanzar en la concreción de tratados de libre comercio con países de esa zona.
Preocupante el deterioro de los indicadores sociales latinoamericanos. En 2009 la tasa de desempleo subió del 7.4% al 8.3% en América Latina. Esto significa que más de dos millones de personas se incorporaron a las filas del desempleo. Las personas que no consiguen un puesto de trabajo ya superan los 18.1 millones, el número de indigentes tuvo además un incremento de 3.6 millones. En resumen, el deterioro de los indicadores sociales causado por la crisis en estos años será muy difícil revertirlos en el mediano plazo con tasas de crecimiento como las proyectadas, estimuladas básicamente por la mayor demanda de materias primas y la elevación del comercio con las economías asiáticas.
Lo otro es que ALC continúa sin rumbo definido, prevalece la dependencia respecto de los EE.UU. y sus políticas, los gobiernos por ende continúan sin asumir estrategias autónomas de desarrollo y progreso, salvo el caso de Venezuela, Bolivia y Ecuador (que se está debilitando), que en distintos grados y ritmos, han fortalecido el rol del Estado en el proceso de acumulación y en el control de sus recursos y áreas estratégicas. Con una perspectiva distinta, más abiertamente neo-desarrollista, también en Argentina se ha procedido a estatizar algunas empresas, al mismo tiempo que se han adoptado medidas proteccionistas de su mercado interno. Brasil reforzó su “Programa de Aceleración del Crecimiento” como carta de navegación hacia el futuro, confiando en la potencialidad de su mercado interno y en la recuperación de su capacidad exportadora volcada en particular hacia los mercados del Asia-Pacífico.
En nuestro concepto las necesidades de contar con un mayor financiamiento para sortear los efectos de la crisis, empiezan a sentirse con más fuerza. Cabe destacar las propuestas planteadas por el presidente del Ecuador a nombre de los países del ALBA, con ocasión de la Conferencia de la ONU sobre la Crisis Económica y Financiera: la creación de un Banco de desarrollo del Sur, un Fondo de Reservas común para América Latina, un sistema de pagos regional y avanzar hacia un sistema monetario propio; germen de lo cual es el SUCRE (Sistema Único de Compensación Regional).
Ahora, la dependencia, la intromisión norteamericana en los asuntos internos y las debilidades de los gobiernos democráticos de América Latina parece retardar estas y otras reformas necesarias, que tal como se observa adquirirán mayor urgencia y presión en la medida en que se prolonguen las consecuencias sociales de un muy precario aliento de la economía mundial, que empujan a los pueblos a nuevas luchas porque el reformismo –y mucho menos los recortes a sus derechos- les satisface.