¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!

En medio de la creciente penalización de la lucha social y otras formas de terrorismo de Estado, Colombia vive rechazos masivos a las tarifas de servicios públicos; peleas huelguísticas y de todo tipo para obligar al patrón a negociar pliegos de peticiones y derrotar la tercerización neoliberal; se defiende la educación pública; se repudia la “emergencia social” en defensa de la salud pública; los paros de pequeños y medianos transportadores contra los monopólicos sistemas de transporte masivo sacuden a Bogotá y capitales departamentales; las protestas de las víctimas del narcoparamilitarismo y los crímenes de Estado se ligan con batallas por el acuerdo humanitario y la paz con justicia social que las loas militaristas a las operaciones de rescate de prisioneros de guerra en manos de la guerrilla no logran apagar.
Así mismo, la reelección de Uribe y la “emergencia social” cayeron en una Corte Constitucional presionada por la inconformidad popular y la falta de unidad de los oligarcas; la visible votación contra los partidos del gobierno, por alternativas democráticas o en blanco –y la gran abstención-, son otro símbolo (mas no el único) de la disposición opositora que vibra en calles, plazas y campos. Los oprimidos no se rinden ante la feroz ofensiva del capital.
Trabajadores, estudiantes, campesinos, usuarios de servicios públicos, viviendistas, negritudes, indígenas y mujeres batallan con diferentes ritmos contra la burocracia y el oportunismo en sus organizaciones. También recuperan, reestructuran o crean organizaciones estimulados por espacios como la Gran Coalición Democrática, el Comando Nacional Unitario y procesos de unidad regional y sectorial que enfrentan dificultades para coordinar convocatorias. Las guerrillas, lejos de estar derrotadas, combaten y son opción para la juventud campesina que lucha contra el régimen.
En la medida que –por la experiencia- más sectores se distancian del gobierno y en otros crece el odio clasista contra Uribe y las políticas que aplica, no cabe duda que se ampliará la oposición al régimen que presidirá Santos.

El régimen empuja a la lucha
Además de la pobreza y miseria crecientes generan mejores condiciones para la organización social y política masivas los crímenes del DAS contra la oposición conocidos como “interceptaciones o chuzadas telefónicas”; el fraude y la compra- venta de votos que opacan los triunfos electorales uribistas; los crímenes de Estado llamados “falsos positivos” y los subsidios a los ricos de la ley “Agro Ingreso Seguro”, entre otros desmanes gubernamentales. Santos no podrá librarse de la herencia de ilegalidad e ilegitimidad de Uribe y la lucha seguirá sin pausa.
En Colombia, yanquis y oligarcas –malsana y peligrosamente- avivan el conflicto colombo-venezolano, creando zozobra con el guerrerismo y descalificando el proceso de lucha por el cambio que vive el pueblo hermano para evitar la solidaridad mutua.
Uribe en plan divisionista lanzó la “red de estudiantes informantes” pero no pudo volver campo de guerra contrainsurgente a las universidades por el gran rechazo estudiantil. Entre tanto, el Encuentro Nacional Universitario de abril congregó en Manizales a centenares de jóvenes y representantes de otros estamentos universitarios que decidieron continuar las acciones por la educación pública.
Las medidas “uribistas” polarizan más la sociedad, contrariando la demagógica “cohesión social” que cacarea la presidencia de los “tres huevitos”. Esto se asocia con la agudización de las crisis que acrecienta las contradicciones ínter burguesas que ayudaron a tumbar la reelección y la emergencia social, que mantienen el enfrentamiento gobierno-justicia y se reflejan en las cartas presidenciales de las dos vueltas.

Retos y tareas
El régimen, y no solo Uribe, estimula la desorganización y la división del pueblo, le interesa mucho el fraccionamiento de obreros y demás asalariados, así como aislarlos del campesinado y los estudiantes.
Es un reto derrotar el privilegio que da el oportunismo a lo electoral y parlamentario debilitando procesos unitarios como el Polo Democrático Alternativo por las mezquindades engendradas por una curul del Congreso. El sector socialdemócrata del Polo al promover lo anterior y no actuar a favor del movimiento de masas facilita el divisionismo del partido verde de Mockus y los efectos nocivos de la táctica uribista al lanzar como vicepresidente de Santos al ex sindicalista izquierdista Angelino Garzón.
Las tareas de masas más destacadas son la activación de las luchas de los sectores que tienen los conflictos más agudos y por estallar; la organización de convocatorias de envergadura como el necesario Paro Cívico Nacional que requiere pasos regionales y sectoriales fuertes; promoción de la unidad y la solidaridad de clase entre oprimidos y explotados estudiando la viabilidad de iniciativas como el Congreso de los Pueblos y la solidaridad internacionalista con las luchas populares en América Latina y el Caribe, en Grecia, España y toda Europa.
En suma, el reto es avanzar en la derrota del inmovilismo promovido por los burócratas y el oportunismo de derecha de todo color para vincular nuevas franjas de masas a la batalla política guiada con un programa democrático antioligárquico y antiimperialista.