La derrota es el resumen de sus fracasos

Colombia, febrero 28 de 2010
La sonada sentencia de la Corte Constitucional negándole la segunda reelección a Uribe Vélez es una derrota al presidente, similar a la infringida por el pueblo en el referendo del 2003. Muchos sectores populares, empezando por el aplauso nutrido de los periodistas que participaron en la rueda de prensa donde se anunció la nulidad del referendo, con toda razón y derecho, festejan la victoria.
En esta oportunidad, la Corte Constitucional hizo caso omiso de los ofrecimientos del secretario jurídico de la Presidencia, en el vano intento de cambiar a última hora la decisión de gran parte de los oligarcas de sacar a Uribe del gobierno declarando inconstitucional el referendo.
Uribe, del 24 al 26 de febrero, pasó de la beligerancia con la tesis “dejen que el pueblo decida con el voto” al discurso ágil, sin el protocolo de sus alocuciones, para manifestar su “acato” al fallo de la Corte y recoger tesis facistoides del “Estado de opinión como forma superior del Estado de derecho”. Queda claro que es demócrata quien se comporta como tal y no quien con trampas de estafador y ardides de mago viola las precarias leyes y normas constitucionales que en Colombia dicen preservarla, como le demostró la Corte a Uribe y su círculo privilegiado de consejeros y seguidores.
Los partidos políticos liberal y conservador, así como los llamados “independientes” que le hacen el juego al régimen, han destacado que el fallo “fortalece las instituciones”, que es una demostración de “la independencia total de la rama judicial”, o afirman que “la Corte si es guardiana de la Constitución”, “instrumento de lucha  contra la tiranía” y loas similares para reencauchar el llamado “Estado Social de Derecho”. Pero distan mucho de la realidad.
La decisión de la Corte Constitucional de hace cuatro años, permitió la destrucción del frágil balance, separación y contrapesos entre ramas del poder público, profundizando el abuso del presidencialismo autoritario al que Uribe le puso un marcado tinte fascistoide en concierto con sus asesores y magnates financieros como Carlos Sarmiento Angulo, gran beneficiario de la destrucción de DMG y del crecimiento de la deuda pública. Esa reelección avalada por la Corte hace cuatro años acolitó la utilización de los aparatos de seguridad del Estado y el encubrimiento de los delitos de sus funcionarios. Además, la impunidad y la entrega de la soberanía llegaron a puntos insospechados. El fallo de marras facilitó que Uribe con sus coaligados políticos, familiares y socios, se beneficiaran como grupo de su permanencia en la Presidencia de Colombia. Ya está muy claro que esa reforma empujó fuerte la corrupción sin límites al estilo Agro Ingreso Seguro. Queda a la vista que la Corte Suprema acertó al declarar ilegal e ilegítima la reelección.
La Corte miente al decir que sólo una segunda reelección produciría los efectos gravísimos.
A la sazón, la actual Constitución es una colcha de retazos resultante de quitar lo progresivo de la aprobada en 1991 para poner parches antidemocráticos de origen autoritario-fascista y neoliberal que refuerzan su lado oscuro y hacen inservibles o declarativos los derechos fundamentales. Por tanto no es una herramienta jurídica que impida la tiranía, tanto que la ejerció por 8 años el actual presidente de Colombia, antes Andrés Pastrana, Samper y Gaviria Trujillo su promotor. Todo lo contrario, esta Constitución ha sido herramienta útil al tirano de turno y plastilina que moldea a su antojo y conveniencias el gobierno con su poder reglamentario, el Congreso, las altas Cortes y Consejos, la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría, así como las demás instituciones de un Estado al servicio de los intereses de magnates del capital nacional y transnacional.
La decisión jurídico-política de la Corte Constitucional sepulta la reelección de Uribe a la presidencia, demostrando que Uribe –con pies de barro- envuelto en una cadena de delitos y errores de marca mayor que lesionan a su propia clase; presionado por protestas y luchas populares; acosado por las críticas airadas de cada vez más amplios sectores de la intelectualidad y de la capa media urbana que lo eligió y ya se apartan de él para confrontar sus medidas en la salud, en el agro, en materia tributaria, en la educación. Toda esa gran tragicomedia atrapa a Uribe Vélez, difícilmente podrá salir de allí porque, además del pueblo, las miradas internacionales vigilan la evolución de la justicia y la reparación a las víctimas de crímenes de Estado, observan los arreglos con las mafias narco paramilitares y siguen los vínculos de Uribe con casi una veintena de parlamentarios condenados por su liga con el paramilitarismo en reestructuración, al igual que sobre los hechos de persecución a la oposición al régimen, porque la burguesía mundial se disfraza de opción política.
Lejos está el brillo del “jaque” a las Farc, de las grandes dificultades del ELN y limitaciones del EPL. Las Farc se sobreponen de golpes y están lejos del fin cacareado por Uribe, sus ministros y generales fulleros hoy tan dedicados a las rogativas por la desmovilización que a entregar partes de guerra victoriosos. Los combates crecientes en puntos neurálgicos del estratégico departamento del Cauca, como también lo hacen en otros lugares del país las demás guerrillas revolucionarias,  demuestran que la insurgencia no está derrotada. Además, para desgracia de la “seguridad democrática” de Uribe y sus defensores, repunta la inseguridad ciudadana en una Colombia que colecciona cuadros de pobreza y de crímenes de Estado como los terroríficos asesinatos de jóvenes que el ejército camufla como “bajas de la guerrilla” para lograr publicidad, ascensos y recompensas.
Nada patriótico o inteligente resultó el juego uribista de me candidatizo o no me candidatizo, fue débil cortina que no logró ocultar los graves problemas fiscales del Estado, el desempleo, insalubridad y demás efectos económicos y sociales de la crisis económica en curso y lejos de terminar. Ese mismo juego hace al uribismo víctima de la rebatiña electoral y política entre sus caudillos inescrupulosos que tratan de pescar en el río revuelto de las dificultades políticas que afronta “su mesías Uribe”, que no ha dado ni paz, ni dignidad a Colombia, ni bienestar a su pueblo. Que dio ganancias monstruosas a la banca, a sus amigos y a los corruptos. Porque la ineficacia la demagogia y la podredumbre de este gobierno fiel al dictado yanqui brillan.
Las “altas Cortes” apartaron a Uribe de la reelección, porque poco aportaría al respeto de sus destartaladas instituciones y a mantener la careta democrática de Colombia. No pocos burgueses ven la hora de librarse de la voracidad sin límites del “encantador de serpientes”, Uribe, pero aprovechándose de su clientela electoral, lo que lleva a nuevos roces y enfrentamientos entre sus herederos: el partido de la “U”, Cambio Radical, los Conservadores, el PIN, Alas, etc.
Aprovechemos, con todo el movimiento de oposición al régimen, las nuevas debilidades que ofrecen los enredos del uribismo luego del golpe recibido con la nulidad del referendo. Acometamos un trabajo hacia el pueblo avocado a los mayores conflictos explotando las grandes falencias de la cúpula del Partido Liberal que clama a los corruptos uribistas que vuelvan al redil, las posturas evasivas de Fajardo para ocultar su uribismo revestido de academia y la falta de arraigo del emergente partido Verde, presto al juego derechista con el uribismo.
Lamentamos que el candidato Petro dilapide y debilite al PDA como fuerza alternativa, al pretender atraer votantes con propuestas proclives a la conciliación de clases antagónicas. Esperamos que los polistas reaccionen y utilicen la lucha por la unidad y movilización popular para ordenar su organización y mantener un perfil de lucha por una Colombia para el pueblo.
Oponerse firmemente al régimen, a las políticas nefastas para el pueblo y la nación independiente del mentor de ellas, promoviendo la unidad popular política y de masas presentando iniciativas políticas propias y unitarias, dará a la oposición al régimen y a nuestro Partido el mejor provecho de este momento especial para –sin limitarse a los llamados electorales- ganar en el debate a distintos sectores populares que estando inconformes aún no se lanzan a la lucha política y social masivas.


¡Viva la unidad de las fuerzas opositoras al régimen!
¡Que se vaya Uribe! ¡Gobierno democrático antiimperialista!
¡Fuera yanquis de Colombia, Haití, Latinoamérica y el Caribe!
¡Combatiendo Unidos Venceremos!
Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista)


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