XVI Congreso

24. Al hablar de la vía revolucionaria para lograr la estrategia propuesta, partimos del criterio marxista leninista, válido en nuestras condiciones, de que el factor decisivo de la revolución es la violencia de masas.  El acceso del pueblo al poder se dará en medio de un agudo proceso de confrontación de clases y de lucha contra la burguesía y la intervención imperialista, sin descartar la agresión directa.
La lucha política de masas continúa siendo la forma principal de lucha de nuestro pueblo.  La agudización de la lucha política, la generalización de la guerra popular y el paso de todas las formas de la lucha por el poder a la insurrección, representan el camino inevitable e indispensable hacia el triunfo de la revolución.

El objetivo final de la conquista del poder popular exige que se presente una situación revolucionaria, con todos sus factores internos y externos, objetivos y subjetivos, que desemboque en una insurrección dirigida por los comunistas y revolucionarios, en la que se levante en armas la mayoría del proletariado y del pueblo agrupándose en una fuerza capaz de derrotar y destruir las fuerzas armadas enemigas y a los actuales detentadores del poder económico y político, y de colocar en su lugar el nuevo Estado.
Asumimos desde ahora la preparación de la insurrección, conscientes de que su realización no será posible sin que medie una situación revolucionaria y de las particularidades que este proceso tiene en nuestro país.  Es preciso puntualizar que hablamos de proceso insurreccional y de acumulación de fuerzas en estrecha relación con nuestra concepción de poder popular, que nos permite avanzar y consolidar, lograr objetivos tácticos que en determinadas circunstancias representen elementos del poder popular y nos acerquen al objetivo estratégico, que implique el despliegue de diversas formas de lucha y organización, y que exprese los pasos en el desarrollo de la conciencia, cohesión y acción de las masas.  Por eso no tiene un sentido evolutivo, ni nos referimos a la acumulación como algo estático que suma fuerzas de manera cuantitativa y definitiva.
El trabajo por las insurrecciones parciales, por el dominio de zonas y la implantación del poder popular debe darse tanto en el campo como en las ciudades, sabiendo diferenciar los ámbitos y exigencias para la acción.  El desarrollo de esta tendencia puede dar lugar a una nueva situación, que nos plantearía la dualidad de poderes y que significaría un nuevo estadio en la lucha revolucionaria en el país.
De ahí nuestra insistencia en asumir de una mejor manera y más integralmente las distintas formas de lucha de las masas, sin separar la lucha armada de las demás, entendiendo que ella es expresión elevada de la lucha política.  Y también el realce del papel del Partido y de las masas en el proceso.
Trabajamos en la proyección de una estrategia para el movimiento revolucionario con énfasis en la preparación de la insurrección.  Una estrategia nacional e integral, pero que toma en cuenta las características regionales, los niveles de desarrollo revolucionario y las peculiaridades socioculturales.

 

La Táctica General del Partido

25. Nuestro Partido asume las tesis leninistas sobre las formas de lucha, no liga el movimiento a una sola de ellas, sino que admite y fomenta las más diversas, no sobre la base de inventarlas, sino de generalizar, organizar, elevar y hacer conscientes las propias formas de lucha y organización que las masas crean.  En nuestras condiciones estratégicas y tácticas destacamos la combinación de las diversas formas de lucha para la acumulación revolucionaria y dinámica de fuerzas hacia la toma del poder.  Es papel del Partido poner en juego su capacidad de dirección para imprimirles un elevado nivel de conciencia, cohesionarlas y darles un rumbo revolucionario.  En esencia hablamos de que es el Partido el que integra y da un norte a las distintas expresiones de la lucha popular que se dan en Colombia.
No podemos concebir las distintas expresiones de la lucha popular como “puras”, haciendo abstracción de la realidad o sin interrelación entre ellas.  Un factor importante para vertebrar los proyectos de diversos sectores en un solo haz, lo constituye el programa revolucionario, así como las diversas plataformas que en sus ámbitos deben recrear líneas fundamentales de éste.
26. En la actualidad colocamos al centro la lucha política de las masas, expresada en diversas formas.  En cada momento buscamos enfatizar en la acción directa de masas, la lucha callejera, la protesta, la huelga y el paro cívico.  Es preciso puntualizar que la lucha política cubre tanto los aspectos extra-institucionales como institucionales y que la acción directa de las masas debe reflejarse en ambos.  Las prioridades deben establecerse conforme a los diversos momentos tácticos, pero, en ninguna circunstancia pueden el proletariado y el pueblo limitarse a los marcos estrechos de la legalidad burguesa.
Es evidente que hoy día es primordial la acción directa de masas en los espacios extrainstitucionales y que la acción dentro de las instituciones burguesas  (sea el parlamento, diversos niveles de la  administración pública, etc.), debe estar al servicio de la estrategia y la táctica revolucionarias, favorecer la lucha popular y descomponer al enemigo desde dentro, asunto radicalmente diferente a caer en la posición de auxiliadores de la burguesía y su crisis.
La lucha por libertades políticas exige que sepamos actuar en todos los espacios y que llevemos el pensamiento del Partido las ideas revolucionarias, antiimperialistas y democráticas a los más amplios sectores, valiéndonos de diversas formas organizativas, recursos, nombres, métodos, etc.
La lucha armada es una de las expresiones elevadas de la lucha política. Constituye un factor táctico y estratégico fundamental que en la perspectiva de la insurrección y con la maduración de la guerra popular cobra mayor importancia y tiende a convertirse en el elemento decisivo. La lucha política de masas actúa como vitalizadora permanente del movimiento y sirve de base para el desarrollo y ampliación de la lucha armada.
27. La conquista del poder popular como objetivo central de la revolución marca el rumbo al conjunto de la acción política, social y militar de las masas y obliga al Partido y a los revolucionarios a desplegar una persistente labor de preparación y maduración de la situación revolucionaria.
La esencia de la acción revolucionaria en todas sus expresiones se fundamenta en el papel protagónico de la clase obrera y las masas, reside en lograr el concurso efectivo, la educación, la creciente movilización y la organización de las amplias masas, en tanto son verdaderos sujetos del proceso social, ejes de la lucha y fundamento de nuestra misión estratégica.
Con esos fines subrayamos la necesidad de configurar un amplio movimiento político de masas que conjugue la acción obrera y sindical, la dinámica de los movimientos sociales y regionales progresistas, las expresiones de lucha guerrillera y miliciana, el trabajo en el campo, los elementos parciales de poder popular y la incidencia que se logre con la lucha institucional.
Estos factores articulados, según el plan estratégico, contribuyen a la derrota del régimen político existente, concretan avances en el poder popular y aportan a la descomposición del Estado reaccionario.
28. No concebimos el poder popular como un simple cambio de composición política en las instituciones burguesas ni forjamos falsas ilusiones en torno a la solución de la profunda crisis económica, política y social del capitalismo sin que medie un proceso revolucionario.  No compartimos el llamado de sectores socialdemócratas a tomar el Estado desde dentro, escalando posiciones y dejando intacta su estructura y bases.  Tampoco creemos que pueda resolverse el problema del poder sólo a partir del trabajo de la lucha armada o de las organizaciones guerrilleras, sin considerar las condiciones políticas de las amplias masas y la dinámica de la participación popular. En sentido estricto el poder popular es una meta nacional, que corona el triunfo de la revolución democrática, antiimperialista, en marcha al socialismo.
Desde el punto de vista táctico el poder popular expresa las conquistas parciales que las masas obtienen como fruto de las diversas formas de lucha que ponen en juego, de su fuerza, del dominio que adquieren en una zona determinada y que les permite organizarse y ejercer sus propias formas de gobierno.
Se trata de integrar los distintos elementos que potencien efectivamente a las masas en la perspectiva del poder, empleando una estrategia integral, a través de la cual las conquistas y las formas de organización y de lucha viven desarrollos y cambios permanentes y se cualifican hacia la toma del poder y la generalización de la nueva correlación de fuerzas.
29. Al tomar en cuenta los cambios sufridos en la sociedad colombiana y al estudiar nuestros problemas en el desarrollo de la lucha revolucionaria, concluimos que es imperioso cimentar profundamente nuestro trabajo en las concentraciones proletarias y populares de modo que esto constituya una prioridad real para nosotros y para el movimiento revolucionario.
Destacamos en la acumulación de fuerzas el papel que corresponde a las ciudades y las regiones de definición estratégica.  La incidencia que han tenido en la población y sus luchas los fenómenos de urbanización, neoliberalismo y reformas políticas, así como los elementos que se derivan de la correlación de fuerzas, son punto de partida para el diseño de nuestra política.  La acumulación de contradicciones, la pobreza y la explosividad de grandes áreas urbanas se han puesto en evidencia y representan una veta muy rica para levantar la lucha popular.
Además, tomamos en consideración las áreas que son de mayor interés para el imperialismo en Colombia, de acuerdo con su división internacional del trabajo, tales como el petróleo, el sector energético en general, la minería y las comunicaciones.
Tales prioridades que ante todo tienen un sentido de clase, no descartan en ningún momento el trabajo entre el campesinado, aliado directo del proletariado, con tradiciones de lucha de gran importancia, con experiencias en la acción armada y reivindicativa y, por cierto, muy descuidado en nuestra labor.
30. En la búsqueda de la crisis revolucionaria son claves la potenciación de la conciencia, organización y lucha de las fuerzas nuevas, junto con la profundización de las contradicciones y dificultades de la burguesía para mantenerse en el poder.  En últimas, se trata de construir la hegemonía revolucionaria y llevar a las clases dominantes a una crisis en todos los órdenes, aprovechando sus propias contradicciones, límites e inconsistencias.
La necesidad de asirse al poder mediante el derrocamiento de las clases que lo usurpan, los cambios cualitativos y cuantitativos en las formas del movimiento, los saltos en la acción de las masas, y los desarrollos en la unidad del pueblo, son elementos que diferencian una situación revolucionaria de otros momentos de la acumulación de fuerzas. En medio de tales circunstancias se pueden abrir periodos de turbulencias dinamizadores, que llevan a que la situación se torne insostenible para el régimen y las masas y sea necesario el desenlace revolucionario.
El prever y trabajar en función de la crisis revolucionaria y de la toma del poder, es la base para romper con esquemas reformistas o izquierdistas, para integrar mejor los factores objetivos y subjetivos, la táctica con la estrategia, lo consciente y lo espontáneo, así como para sopesar la correlación de fuerzas en lo internacional y lo nacional.
31. Para la toma del poder y el cumplimiento del programa revolucionario, trabajamos porque el proletariado y su Partido jueguen el papel de vanguardia.
Pero el proletariado puede llevar a cabo la revolución sólo si asegura los mayores aliados posibles.  En nuestro trabajo unitario damos prioridad a la unidad del pueblo, que significa, ante todo, plasmar la alianza obrero-campesina-popular.  Lograr la condición de destacamento de vanguardia tanto por la política que se enarbola como por el ejercicio dirigente práctico, es un reto para el Partido que destaca la necesidad de fortalecer la ideología marxista-leninista, mantener la defensa de los intereses del proletariado, ganar el reconocimiento de la clase obrera y las masas populares, interpretar las realidades y saber definir en cada momento las tareas que empujen la revolución hacia adelante, adquirir la autoridad necesaria, y nuclear amplias masas alrededor del programa, fortaleciendo sus estructuras y poniendo en juego sus células y organismos íntimamente ligados a las masas.
Formulamos como parte de nuestra estrategia trabajar por la nucleación de todos los marxistas-leninistas en un solo Partido.
32. También como parte de nuestra estrategia y en desarrollo de la política de unidad del Partido, vemos importante trabajar por la unidad del movimiento democrático y revolucionario en sus diversos niveles y formas de organización, y por los acuerdos entre fuerzas políticas, con diversos alcances.  Esto puede derivar en la existencia de expresiones y momentos de conducción conjunta a partir de nuestra concepción frentista.
Este campo de dirección compartido de la lucha de masas no niega ni relega el papel de vanguardia del proletariado y del Partido marxista leninista, no puede llevarnos a disolver nuestras fuerzas, ni significa colocar en entredicho la necesidad del socialismo como forma que debe adquirir la sociedad que se inaugura con el triunfo de la revolución.
Hacia el movimiento de masas y en el espectro de izquierda y democrático hacen presencia diversas corrientes ideológicas.  La burguesía se esfuerza por penetrar allí con sus ideas, bajo las diversas formas que asume el oportunismo.  De ahí que necesitamos librar una lucha constante contra el revisionismo, el trotskismo, la socialdemocracia y el extremoizquierdismo.
33. La alianza obrero-campesina-popular es la fundamental en la presente etapa.  Incluimos en ella al proletariado, semiproletariado, campesinado y todos los sectores de las capas medias del campo y la ciudad.
Nuestra visión sobre la unidad del pueblo va más allá de los sectores inscritos en una u otra organización, esto le da amplitud a nuestra práctica unitaria y a las alianzas.
El nivel de alianza con los sectores de la burguesía no monopolista es de carácter secundario y busca ganar estas capas o parte de ellas para trechos de la lucha democrática y antiimperialista o neutralizar  fracciones de ella.
34. Estamos por forjar un amplio movimiento obrero, popular, gremial, social y regional, que surja desde las bases y que pueda llegar a constituir un frente con alcances tácticos y estratégicos, como confluencia de clases, organizaciones de diversa índole, sectores sociales y masas sin Partido, que luche por objetivos democráticos y antiimperialistas consignados en un programa común y que integre diversas formas de lucha y de organización.  Esta concepción del frente se plasmará en diversos niveles de expresión tanto en el combate como en la organización.  Los pasos para su estructuración no pueden ser esquemáticos, en tanto sus aspectos esenciales atañen a los lineamientos políticos que deben guiarlo.
La consolidación de la dirección centralizada y unificada del movimiento revolucionario con proyección estratégica, es una condición indispensable para desarrollar el frente, convocar las masas y educarlas en la lucha por las conquistas parciales y por el poder.
El carácter del frente está dado por los objetivos y el programa que enarbola.  Admite en su seno representantes de diversas clases y concepciones, así como integrantes de organizaciones diversas, sin que esto pueda contraponerse a las identidades revolucionarias fundamentales.
El proceso de construcción de este frente revolucionario es la forma que va adquiriendo la alianza obrero-campesina-popular. Antes, durante y después de la toma del poder, el trabajo frentista ha de ir acompañado de una constante y multifacética lucha ideológica  y política contra las posiciones oportunistas de diverso tipo y por afianzar el pensamiento y la acción revolucionaria.
En el trabajo frentista es clave la articulación de las diversas formas de lucha, de modo que puedan confluir y asumir una perspectiva clara todos los niveles unitarios que hemos trabajado en este período, y se rompan así los compartimientos estancos que no favorecen la unidad revolucionaria y su eficacia.
El frente democrático-popular es la forma organizativa de las masas que sienta las bases para la construcción de los órganos de poder del nuevo Estado.
35. Desde el punto de vista de la táctica general trabajamos por un gobierno democrático y antiimperialista, de amplia convergencia a partir del programa táctico que levantamos.  Esta propuesta no está supeditada tácticamente a romper completamente con los fundamentos del Estado burgués, mas sí implica infligirle una derrota al régimen político, que posibilite importantes reformas democráticas, abra paso a la participación popular y mejore las condiciones de lucha por el poder.  Una conquista de este calado crea una nueva situación favorable al avance revolucionario; por eso es una propuesta táctica pero con repercusiones estratégicas.  En su consecución deben aportar las diversas formas de la lucha de las masas, incluida la violencia revolucionaria.
36. Los objetivos tácticos centrales están determinados por la necesidad de obtener libertades políticas, conquistas económicas, democráticas y antiimperialistas; de ahí que los coloquemos al orden del día en el programa táctico.  La lucha directa de masas, con gran amplitud y diversidad en formas de acción y de organización es la clave para alcanzarlos.
Es de mucha importancia el trabajo alrededor de un programa democrático alternativo, con propuestas políticas económicas y sociales que convoquen amplios sectores en su definición e impulso, que reporten beneficios para la vida y la lucha de las mayorías, al paso que aumentan las dificultades para el imperialismo y la burguesía.  Por eso, al hablar de programa alternativo nos diferenciamos tajantemente de aquellos planes que en últimas formulan un itinerario de salvamento para la crisis del sistema y el Estado actual, o un bosquejo de derrota de la revolución por medio de la asimilación a las reformas burguesas.
La construcción del programa común y de las múltiples plataformas por sectores o regiones que se presenten debe darse con participación de las bases, de modo que se sientan identificadas con él, y debe lograr la articulación de lo particular con lo general.
37. Son bases para el programa táctico puntos como:

- Lucha antiimperialista, por la defensa de la soberanía nacional en todo su espectro, desarrollo del sentido de unidad de los pueblos latinoamericanos y del internacionalismo, movilización en contra de la posibilidad de intervención militar abierta con gran movilización de tropas invasoras de los yanquis;
- lucha contra el neoliberalismo. Defensa y mejoramiento del bienestar de los sectores populares, del salario social, de las condiciones de vida y laborales de los trabajadores;
- lucha por la democracia, por libertades políticas, por la defensa del derecho a la vida y los derechos humanos, contra las jurisdicciones especiales en la justicia que han sustituido la antipopular “justicia regional de orden público”, la impunidad, el militarismo, el terrorismo de Estado, el paramilitarismo y la penalización de la protesta popular. Por diálogo y negociaciones con el movimiento armado insurgente.
- Por el respeto a la oposición democrática y revolucionaria, por los derechos de organización y acción populares; contra la corrupción del Estado y del gobierno;
- Lucha por la unidad, en primer lugar, de las masas populares, que vaya plasmando la alianza obrero-campesina-popular; por los acuerdos políticos entre fuerzas,  el desarrollo de vínculos internacionalistas con los pueblos de  América Latina y el mundo.

El programa debe combinar un sentido táctico y un alcance mediato, en tanto propuesta de gobierno que puede manejarse en varios ámbitos, incluida la mesa de negociaciones entre la insurgencia y el gobierno. Puede ser usado completo o fragmentariamente. Tiene valor educativo, movilizador y organizador. Debe contribuir a enlazar la táctica y la estrategia, los intereses parciales y de grupo con el proyecto global.
La prioridad táctica organizativa la centraremos en la vinculación multiplicación y cualificación de las masas, de la red de movimientos sociales (especialmente en barriadas urbanas), regionales y gremiales que sirvan de base para la constitución del movimiento frentista popular y su vertebración organizativa; en este empeño tiene validez el impulso del frente antineoliberal. Todo lo anterior implica la primacía del trabajo de base y de la unidad popular y social, que dará el marco y la pauta para las alianzas políticas, y debe estar iluminado por el rumbo clasista que coloca en lugar destacado el papel que debe cumplir el proletariado.
38. Trabajamos por afianzar nuestras organizaciones mediante el aceramiento del conjunto del Partido en el marxismo-leninismo y la  Línea Política; el fortalecimiento del EPL y demás instrumentos del Partido; con la intensificación de la lucha ideológica y política, el desarrollo de la critica y la autocrítica, la vigilancia revolucionaria y la vinculación amplia y activa a la lucha de clases. Insistimos en avanzar en la consolidación del Partido y el EPL como organizaciones nacionales, en fortalecer su unidad interna así como en su posicionamiento en el movimiento de masas.
La lucha de masas exige del Partido, el EPL y demás instrumentos grandes saltos políticos, ideológicos y organizativos, que en general reafirman su papel.
En la relación Partido-movimiento de masas debe abrirse y desarrollarse una concepción y metodología adecuadas. Tal como se analiza en la Línea de Masas del Partido.
Registramos los cambios en la política del imperialismo y la burguesía y, en especial, sus ofensivas para cooptar, diezmar o aniquilar por diversas vías, las diferentes organizaciones y luchas de las masas, y en la cual son incisivos colaboradores el oportunismo de todos los pelambres. El Partido, sus instrumentos y todas las organizaciones que dirige además de colocar al centro la unidad, la movilización y el  fortalecimiento de las organizaciones contra la ofensiva debe promover la lucha ideológica y política contra los dirigentes corruptos, el economicismo y el colaboracionismo de clase.
De ahí que para que nuestra táctica realmente potencie el ascenso de las masas y contribuya al proceso de acumulación de fuerzas hacia la revolución debe ajustarse al análisis concreto de la situación concreta en cada momento y lugar y estar imbuida de un alto espíritu de lucha por el crecimiento de nuestras fuerzas, dar relieve al papel de nuestras organizaciones y, en especial, al carácter de vanguardia del Partido.
Debe ser una táctica que permita que el proletariado y el pueblo confíen en los dirigentes revolucionarios, en sus organizaciones y luchas, que eleve la unidad y la confrontación a los enemigos de clase incluyendo el revisionismo, la socialdemocracia y el oportunismo.
Debe ser una táctica que otorgue alta importancia a la educación y organización de las masas, a la conquista de reivindicaciones antiimperialistas económicas y democráticas, a la unidad por la base (que se complementa con los acuerdos con fuerzas, pero que no puede ser reemplazada por éstos), que siente premisas para un cambio en la correlación de fuerzas, y ser tan variada y diversa en las formas de lucha y organización como lo exigen la propia situación de masas y nos facilite superar permanentemente  nuestras limitaciones.
Nos apoyamos en la unidad que logramos y afianzamos en el Partido, en sus organismos de dirección y en sus células. En una profunda comprensión de la visión de cada momento político, de las guías para el trabajo de masas, en la motivación para introducir los cambios en el Partido y en nuestro comportamiento militante. Tenemos que superar las debilidades de cantidad con una militancia comunista que nos lleve a ser verdaderos tribunos, organizadores, líderes de la acción.
Junto con la difusión de nuestra política tenemos que construir células, CETR, organizar nuestro entorno, y promover o penetrar múltiples formas de organización política, social y económica de masas.
Aprovechar las contradicciones y crisis que afectan al imperialismo y a la burguesía; el desprestigio de los comportamientos socialdemócratas; la traición de las camarillas sindicales y los límites e inconsistencias de la política burguesa. 
Y, desde otro ángulo, aprovechar el descontento presente en amplios sectores de masas, la explosividad que se observa, el desengaño frente a promesas no cumplidas y las búsquedas hacia posiciones progresistas, democráticas, de izquierda y revolucionarias que fortalecen la lucha por la revolución social y la liberación nacional.
39. También en la táctica otorgamos gran importancia a la unidad con los sectores democráticos y antiimperialistas dentro del país e internacionalmente, con énfasis en América Latina. Los factores comunes a los pueblos latinoamericanos y a sus luchas nacional-revolucionarias contra el imperialismo y las burguesías criollas, nos deben llevar a articular aspectos tácticos y estratégicos, y a buscar un planteamiento sobre el concepto de nación latinoamericana, que le salga al paso a la mayor intervención y agresión yanqui, así como a las distorsiones burguesas de corte patriotero.
40. La línea de masas del partido esta constituida por las leyes, categorías y planteamientos políticos y organizativos más generales, la metodología y el estilo de trabajo a gran escala para conquistar la dirección de la mayoría de las masas y sus organizaciones, en las diversas luchas y frentes o áreas de trabajo.
Estás líneas generales se aplicarán con la participación democrática de la militancia, que desde sus células tiene la tarea permanente de recoger las experiencias en las luchas y el sentir de los diferentes sectores obreros y populares a los que está ligada, para elevarlo a síntesis políticas y programáticas, en lo táctico y lo estratégico, que permitan desarrollar la política y corregir errores. Educando practica y teóricamente para que las masas se dispongan a ser gobierno y ser poder.
Las directrices básicas para el trabajo de masas (Línea de Masas) hacen parte integral de nuestra Línea Nacional

El Trabajo Militar

41. En la realidad de Colombia no basta con definir la adhesión al principio de la violencia revolucionaria, ni con establecer la vía revolucionaria para la toma del poder. La violencia revolucionaria está presente hoy en la realidad de nuestro país y se expresa en la existencia de fuerzas guerrilleras, en las diversas formas de organización de las masas para ejercer la lucha armada y en los levantamientos espontáneos en áreas y sectores del país.
Las distintas formas de violencia revolucionaria responden a la realidad en que vive y lucha nuestro pueblo; a la agudización de las contradicciones sociales; a la cruel ofensiva económica y política del imperialismo y la burguesía; a las características de la dominación estatal; a razones de índole social e históricas; y a las condiciones en que se plantea acá la disputa por el poder.  Han sido generadas en el desarrollo de la lucha política y de las luchas populares.  No son ni ajenas ni accesorias a ellas.  Tampoco son producto del deseo subjetivo de la izquierda, sino consecuencia de una realidad.  Mientras tales factores objetivos y subjetivos persistan, seguirán existiendo la lucha armada y el movimiento guerrillero, y mantendrá vigencia y validez esta expresión de la violencia revolucionaria.
En el país existen elementos de guerra popular que se profundizarán mientras se mantengan los términos actuales de la confrontación social.  Consideramos que no están dadas las condiciones para plantearnos la insurrección a corto plazo o la generalización total de la guerra popular.  Sin embargo, los elementos de guerra revolucionaria existentes debemos potenciarlos como parte de la acumulación revolucionaria de fuerzas hacia la toma del poder.
42. Nos reafirmamos en la tesis de que es posible y necesaria la unidad del movimiento guerrillero colombiano, de la cual la CGSB es un antecedente de gran valor político, militar y práctico. 
Construir la unidad es un trabajo que exige desarrollar la unidad de acción como gran palanca al servicio de la unidad.
Construir la unidad es un trabajo que requiere de una lucha ideológica intensa, el fortalecimiento de nuestras estructuras, bases ideológicas y políticas claras, evaluación concreta de cada fuerza y  la formulación de objetivos comunes, el respeto mutuo y la independencia.
43. La construcción de ejército es una tarea de significado estratégico en cuya materialización trabajamos y aportamos desde ahora.  Es parte vital y núcleo de las Fuerzas Armadas Populares que se expresan también en las guerrillas locales, Núcleos Armados Populares (NAP)  y otras formas de organización de las masas para la lucha armada revolucionaria.
44. Es vital para lograr un desenlace victorioso forjar las reservas de la revolución entendidas éstas en un sentido amplio y multilateral: consolidar las bases materiales y políticas acumuladas; preparar los hombres que encabezarán la acción; seleccionar y adecuar los terrenos de operación de los combates decisivos; conocer los métodos, medios y tácticas del enemigo; fortalecer la moral de las masas y las tropas; ampliar la capacidad de resistencia ante la agresión; consolidar las áreas donde las fuerzas revolucionarias ganen el control; y crecer y cualificar el ejército revolucionario y el papel de las masas.
En la relación entre las organizaciones guerrilleras y las masas es vital lograr una mayor integración y aporte al torrente de la lucha política popular en el país, al proceso de disputa por el poder popular en todos los ámbitos.  Esto significa, entre otras cosas, superar la visión de las masas como simple apoyo logístico, no reemplazarlas en su acción, efectuar un intenso trabajo político y organizativo entre ellas para que sean las protagonistas centrales de sus luchas y conquistas.  Para ello tienen valor las plataformas regionales alternativas, el impulso de banderas tácticas y la diversidad organizativa.  Esto realza el papel político del EPL y su misión.
45. Tanto para el trabajo revolucionario en su conjunto como para el ejercicio de la lucha armada es de gran importancia el trabajo urbano. En las principales ciudades se encuentra la fuerza social determinante del proceso revolucionario y por eso hacia ellas debemos encaminar nuestros mejores esfuerzos. Serán el escenario fundamental de la insurrección y, al mismo tiempo, constituyen el espacio principal de la lucha política que en su acción integral da lugar a la ampliación de la lucha armada para gestar las batallas decisivas en la ofensiva estratégica.
De ahí que teniendo al centro la lucha política de masas, también en las ciudades es válido crear y desarrollar diversas formas organizativas para la lucha armada y guerrillera, a la vez que necesitamos definir mejor las áreas de trabajo en el campo, superar los problemas que se nos han presentado y ofrecer una perspectiva de desarrollo a las fuerzas guerrilleras rurales. Las zonas rurales mantienen una gran importancia estratégica desde el punto de vista militar, ante todo por el papel que han jugado el proletariado agrícola y el campesinado en la lucha armada.
El Congreso compromete a todo el Partido en el mejoramiento de su trabajo militar, de la política de seguridad, en el estudio y soluciones para la lucha armada y en el desarrollo de la unidad guerrillera. En particular en el trabajo urbano es preciso racionalizar la experiencia obtenida, adecuar las estructuras urbanas del EPL y colocar la prioridad en su construcción entre el proletariado. Los centros industriales, los barrios populares y las zonas periféricas y suburbanas son esenciales para fundirnos con los obreros y las masas en el trabajo revolucionario.
Las zonas suburbanas ofrecen una importante concentración de población y de desarrollo económico; allí tiene el enemigo bases militares y cuarteles de formación contraguerrillera y son zonas intermedias entre el campo y la ciudad con condiciones propicias para desarrollar la lucha armada. Por la ligazón de las periferias urbanas con las ciudades, estas zonas se convierten en centros de importancia estratégica y alojan extensos núcleos de proletariado agrícola e industrial.
A partir del trabajo político y militar en ciertas áreas se posibilita la proyección de corredores estratégicos entre los centros de despliegue de la fuerza que cubre centros urbanos y zonas rurales. Este planteamiento está ligado al estudio de las retaguardias.
46. También en el ámbito militar involucramos las tareas internacionalistas con los Partidos hermanos, los movimientos guerrilleros y revolucionarios, el intercambio de experiencias, la coordinación y la solución mancomunada de problemas que nos plantea el estar enfrentados a una estrategia común del imperialismo norteamericano en su guerra contrainsurgente y en su despliegue bélico.
Debemos proponernos consolidar el trabajo político y militar en zonas costeras y fronterizas.  Es preciso proyectar un trabajo amplio que involucre fuerzas políticas y sociales de los países vecinos y que no descarte, bajo determinadas condiciones, los acuerdos con gobiernos en el marco de la no agresión y el respeto a la autodeterminación.
Nuestra política de fronteras debe tener en cuenta, en primer lugar, los intereses comunes de las masas, sus nexos históricos, la unidad en diversos aspectos, para construir conciencia de unidad popular y revolucionaria y levantar la acción común. Requerimos proyectar retaguardias, diferenciar los principales enemigos, tejer nexos de apoyo, tomar en cuenta las necesidades del movimiento revolucionario en los países vecinos, etc.
47. El trabajo hacia las fuerzas armadas reaccionarias es un asunto cardinal para el triunfo de la revolución.  Tiene como propósito agudizar las contradicciones en su interior, descomponerlas, desmoralizarlas y golpearlas.  A partir de las contradicciones de clase que se dan en su seno, de la crisis que ahora las afecta y de las diferencias que se han manifestado por la injerencia del imperialismo norteamericano y por las variaciones que se han producido en las concepciones yanquis sobre la seguridad nacional, es importante atizar las diferencias en su interior y buscar, sobre todo entre las bases y la oficialidad media, ganar sectores para posiciones democráticas o neutralizarlos.
Por su carácter y naturaleza las fuerzas armadas del Estado burgués son antidemocráticas, contrarrevolucionarias y anticomunistas.  Por los intereses que defienden son proimperialistas y burguesas.
Requerimos organizar mejor la información sobre el enemigo, por ello debemos evaluarlo global y permanentemente en todos los aspectos, conocer sus propósitos y medidas estratégicas, así como sus dificultades y contradicciones.  Conocerlo en lo táctico y en lo estratégico es básico para tomar decisiones acertadas.
48. Nuestro Partido reivindica su compromiso con todas las formas de lucha necesarias, asumiendo las formas organizativas y los métodos que le imponen su carácter, la misión y las condiciones de la revolución.
Concebimos la dirección sobre el trabajo militar como parte de la dirección global sobre el proceso revolucionario.
El Partido se propone no sólo afianzar su dirección sobre el EPL, sino que busca ampliarla sobre las demás formas de la violencia de masas, impulsando junto con otras fuerzas la organización militar de éstas, preparándose en la teoría y en la practica en el arte militar y demostrando su fidelidad y consecuencia en la defensa de la unidad y de los objetivos revolucionarios.
Cuando hablamos de la dirección del Partido sobre la organización armada, consideramos la labor ideológica general y permanente, su tarea práctica de conducción a partir de las líneas definidas y a través de medios idóneos, el papel de los eventos democráticos del Partido y de sus organismos y, en particular, la labor de las instancias dirigentes. Esto no desconoce que se trata de dos estructuras diferentes, con sus características, métodos y organismos de dirección propios. De lo cual se desprende la necesidad de sus relaciones de coordinación.
La relación del Partido con el EPL se desarrollará bajo la forma de coordinación, tanto nacional como regional, entre las dos organizaciones;  ella es una de las vías para que el Partido gane, se consolide y ejerza su dirección sobre este instrumento, teniendo en cuenta la diferencia del carácter de ambas organizaciones.