XVI Congreso

El capitalismo y el campo

11. La penetración del capitalismo al campo se ha profundizado en las últimas décadas, apoyada principalmente en el capital financiero, en el papel del narcotráfico y en las políticas gubernamentales. Se han consolidado sectores agroindustriales y el latifundismo, a la par que el campesinado pobre y medio es arrojado de sus tierras o pasa a engrosar las filas del proletariado agrícola o de los desempleados del campo y la ciudad.  Siguen reinando el atraso en extensas áreas rurales, la carencia de servicios e infraestructura, la miseria y la desatención por parte del Estado.  Persisten en menor medida el colonato, la aparcería y el minifundio.  Aún encontramos en nuestro país extensas zonas improductivas.

Cada vez son menos los latifundistas que acaparan un alto porcentaje de las mejores tierras colombianas, no pasan de 11 mil los propietarios de más de 13 millones de hectáreas, mientras más de 2 millones de campesinos no poseen ni la quinta parte de la tierra cultivable y otros muchos reclaman tierras para trabajar. Cerca del  1% de los propietarios controlan casi el 50% de las mejores tierras.  
La crisis en el sector agrario ha sido profunda en los últimos lustros. En esto han incidido la apertura neoliberal, la monopolización, el narcotráfico, el descuido del Estado y la agresividad de la lucha antiguerrillera, militar y paramilitar, y el arrasamiento de cultivos a causa de las fumigaciones para erradicar la coca y la amapola.
Los sectores más dinámicos de la producción agraria son los dedicados a la agricultura comercial, ya sea para la exportación o para el mercado interno. El sector agrario sigue teniendo peso en la economía colombiana y generación de divisas.
La diferenciación clasista y la lucha social en el campo se han acrecentado en medio de la mayor concentración de la propiedad y de la generalización de la pobreza. La política agraria de los sucesivos gobiernos ha estado al vaivén de los requerimientos internacionales en materias primas y productos agrícolas; se orienta a fomentar la inversión favoreciendo los grandes capitales con precios de sustentación y otras ventajas; mientras que los planes de reforma agraria no pasan de ser paliativos para captar base social entre el campesinado, impulsar la compra-venta de predios que beneficien los grandes propietarios y los ayuden a salir de las llamadas áreas rojas, renovar o ampliar determinada infraestructura, legalizar la expropiación del campesinado pobre y medio y complementar la acción cívico-militar del ejército y los planes contrainsurgentes del Estado.
En el campo ha estado operando un verdadero terremoto económico, social y político, que tiene que ver con el rotundo fracaso de las demagógicas reformas, “sociales” de la CEPAL de inspiración socialdemócrata y la acelerada puesta en marcha de las genocidas contrarreformas neoliberales, como paliativo a la crisis nacional y mundial. Estas contrarreformas, que reducen los servicios del llamado “sector social” del Estado y reversan los planes de reforma a la tenencia de tierra, están arrasando con los escasos derechos del proletariado agrícola y el campesinado pobre, suprimen la precaria soberanía agroalimentaria, acentúan el problema agroambiental, lo que margina aún más un creciente número de veredas, municipios y regiones pobres, a su vez generaliza un caos social y político de gran magnitud en el país y en América Latina. Esto constituye un verdadero grito de guerra de la oligarquía y el imperialismo contra el pueblo y el campesinado colombiano, cuya respuesta sólo puede ser ocultada y amordazada temporalmente por medio de un inusitado incremento de la fuerza bruta militar y paramilitar.
La aplicación del neoliberalismo en el sector agropecuario ha generado una crisis agraria sin precedentes y de imprevisibles consecuencias que cuestiona el propio desarrollo y viabilidad económica del país en su integridad. La apertura neoliberal al comercio internacional ha colocado en la picota la soberanía alimentaría, lo cual amenaza con suprimir los mínimos derechos populares a la supervivencia y empleo que de ella emanan, aplastando principalmente la economía agrícola tradicional que es ejercida por pequeños y medianos agricultores, con medios tecnológicos obsoletos.
A esto se le suma el recorte de los escasos servicios estatales de crédito, asesoría técnica, compra de cosechas, vivienda, salud, educación, seguridad social y otros, debido a los programas neoliberales de privatización, “racionalización, modernización e internacionalización” del Estado. La producción de alimentos básicos para surtir el mercado interno, que permite apenas la supervivencia de nuestro pueblo, como maíz, arroz, trigo, cebada, fríjol y azúcar, está siendo aplastada por importaciones masivas de los excedentes subsidiados por el imperialismo, que se acentuaría con la puesta en práctica del TLC y ALCA. Estos productos importados son manejados por las trasnacionales del agro e incorporados en nuestra economía bajo el peregrino pretexto monetarista de estabilizar los precios internos, pero en realidad causan conmociones a corto y largo plazo.
Una gran masa de campesinos, ante el descenso vertical de los precios de sus cosechas, se ha visto obligada a dejar sus siembras tradicionales y sus tierras y a incursionar en cultivos de coca y amapola para sobrevivir, lo que incrementa el arrasamiento de los bosques y los lleva a caer en las implacables redes del narcotráfico o a ser objeto de la represión. La respuesta del gobierno nacional no puede ser más demencial, ante sus compromisos con el imperialismo yanqui, en asociación con la DEA y la CIA, al emprender fatídicas campañas de fumigación aérea masiva, que aniquilan por igual los llamados narco-cultivos y plantaciones de alimentos, afectan toda la flora y la fauna, contaminan las aguas y lesionan la salud de niños y adultos.
Los sectores agroindustriales exportadores, que venían en relativa consolidación hasta finales de la década de los años 80, han entrado en un proceso de desestabilización económica. A partir de las reformas neoliberales, con la consiguiente “apertura” hacia los mercados externos y como contraprestación del mercado interno, se ha desencadenado una mayor y creciente injerencia de los mercados internacionales sobre la producción nacional, a través de las multinacionales del agro y las comercializadoras gigantes. Así, los sectores de la industria agropecuaria criolla son severamente golpeados, algunos tienden a desaparecer como productores, otros están en crisis, o transformándose de exportadores en importadores para el mercado interno, como en el caso del aceite de la palma africana.
Sumado a lo anterior se han estado desmontando industrias procesadoras de alimentos, cuya anterior producción ahora se importa. Además, hay creciente incertidumbre en los mercados externos colombianos por las trabas al comercio con los bloques imperialistas, que abarcan importantes rubros, como las flores, el banano, el café y la pesca. Esto a la vez destruye los magros pero importantes avances históricos logrados con tanto sudor y sangre por el combativo proletariado agrario en materia salarial y organización, dejando una estela de miseria, desolación, crisis social y política en extensas zonas como Urabá, el Sur del Cesar y la zona cafetera.
De forma paralela a esta hecatombe agraria se ha acelerado la pauperización del campesinado pobre y medio, que está siendo desahuciado y desalojado de sus parcelas por la acumulación de créditos morosos con la banca, así como por la presión y agresión del narcotráfico, que en unión con el ejército y los paramilitares adelantan una contrarreforma agraria de devastadoras proporciones.
Esta tendencia viene a acoplarse con la reversa en las reformas agrarias cepalinas -de concepción socialdemócrata- realizadas en cabeza del INCORA, en asocio con el DRI, ICA, Inderena, Sena y otras instituciones estatales (muchas de las cuales ya no existen por la reestructuración del Estado fruto de la privatización y globalización neoliberal), que pese a lo insuficiente, dieron cierto respiro a las reivindicaciones campesinas por tierras laborables y servicios agrarios, lo que permitió alguna ampliación de los mercados regionales y locales apartados de los centros del capital y  cierta alza en el nivel de vida. Dichas reformas institucionales, luego de tres décadas y media, muestran que los programas estatales para la supuesta desconcentración del gran latifundio, la democratización de la propiedad agraria y el bienestar en el campo, a través de la distribución de tierras a los campesinos y algunas asistencias públicas, fueron una simple mampara para impulsar su mayor concentración y frenar el auge de las luchas agrarias.
Los niveles de analfabetismo, insalubridad, carencia de agua potable, alcantarillado y demás servicios son, alarmantes. De forma simultánea el ejército y los paramilitares han arrasado virtualmente la ANUC, la más importante organización del campesinado colombiano en épocas recientes. Así mismo la producción, el capital y el crédito se ha súper concentrado en las principales ciudades.
Hoy, bajo el emblema neoliberal, dicha propensión se acentúa, puesto que todos los programas oficiales apuntan a impulsar el mayor entrelazamiento de la gran propiedad territorial con el capital financiero criollo y foráneo. Así, los institutos estatales que sobreviven a la privatización, se han transformado en simples instrumentos para el avance del mercado de tierras y el apoyo a la Bolsa, como medios para incorporar las riquezas del campo al especulativo mercado de capitales.
A la vez, se están entregando a la burguesía agraria, los pulpos financieros y al imperialismo las pocas instituciones estatales del sector. Es decir, se promueve un mayor parasitismo de la propiedad territorial y un salto en el saqueo del patrimonio campesino, de cuyas ganancias la oligarquía agraria logra resarcirse y superar las mermas en los beneficios de los sectores agroindustriales en quiebra.
En síntesis, la contrarreforma neoliberal en el agro está produciendo una colosal crisis económica, social y política, cuya esencia constituye un radical incremento y mutación negativa en la generación y distribución de la renta de la tierra en el campo.
Esta contrarreforma acelera y refuerza un proceso que se venía gestando desde la reforma cepalina en el campo, que implica un salto en el parasitismo de dicha renta agraria. No sólo se incrementa la renta y se aumenta al mayor límite posible la súper explotación campesina, lo que produce el ascenso de la expulsión de sus tierras y concentra de forma superlativa la propiedad y el ingreso agrario, sino que la mencionada renta de la tierra está cada vez menos ligada a la producción y es más zángana, atada de forma ascendente al sector financiero. En suma, un doble parasitismo de la renta agraria, ya que además del monopolio de la tierra, se le agrega el entronque con los monopolios y el capital financiero estatal y privado.
Lo anterior, sumado al mencionado azote sobre el proletariado agrícola y el campesinado pobre «que ha reducido de forma dramática la población en el campo» genera severas crisis fiscales en los municipios y regiones alejados de los centros económicos y de poder.
Esto se ve agravado por las llamadas reformas de descentralización neoliberal, que incluyen el señuelo de la denominada “participación” ciudadana y de las regiones en la gestión del gasto público, como medio para continuar las privatizaciones, con las cuales se descarga de las responsabilidades en materia de servicios y seguridad social al Estado central, que sigue acaparando las mayores rentas.
La deforestación ascendente e irracional de las selvas húmedas a causa de la colonización, la acción nefasta de las mafias del narcotráfico y de las fumigaciones del gobierno en asocio con la DEA, y el despiadado saqueo que las multinacionales ejercen sobre los bancos naturales de germoplasmas (para patentarlos con ligeros cambios en sus cadenas genéticas) que guardan estos patrimonios biológicos de nuestro pueblo y de los pueblos del mundo, y la tala de bosques por parte de grandes empresas, constituyen una grave amenaza a la propia existencia del hombre sobre el planeta, lo que plantea otra tarea conjunta del proletariado mundial para exigir que se detenga el ecocidio.
Las relaciones hombre-naturaleza, con demandas como el aire puro, la preservación de las aguas, la flora, la fauna y el entorno ambiental en el campo y la ciudad, son factores esenciales para unas adecuadas relaciones hombre¬-hombre, que implican bienestar, desarrollo sano y equilibrado de las generaciones presentes y futuras.
En este marco, una tarea internacionalista es obligar a los países imperialistas, como mayores depredadores de la naturaleza, a elaborar proyectos económicos conjuntos y masivos con los pueblos de los países dependientes, que compensen la mayor polución que generan y el milenario acumulado producto del saqueo de nuestros recursos naturales, para desarrollar tecnologías limpias, que permitan la viabilidad de nuestras economías y la hermandad de los pueblos.

Las Clases Sociales en Colombia

12. El XVI Congreso es consciente de la necesidad que tiene el Partido de profundizar y precisar su análisis de clases, tarea que en este período debe encabezar el CC.
Al estudiar la estructura de clases en nuestra formación socioeconómica, destacamos la existencia de la burguesía y el proletariado como las principales clases antagónicas.
Dado el grado de monopolización de la economía y el papel del sector financiero, se ha producido un agrupamiento de las clases dominantes alrededor de los sectores monopólicos financieros de la burguesía. El sector más poderoso de la burguesía se apropia los mayores beneficios, articula y controla la banca, la producción y el comercio.  En ella se integran los terratenientes, latifundistas y los grandes ganaderos. Compagina su cuota de poder con el imperialismo y sus multinacionales. Encabeza las clases dominantes y conforma una oligarquía que determina el poder económico, político y social.
Distinguimos la existencia de una burguesía monopolista y una no monopolista. La primera mantiene la hegemonía dentro del bloque de poder y en su conjunto.  Antes que presentar posiciones nacionalistas y antiimperialistas, la burguesía en su conjunto es el soporte de la dominación yanqui, aunque al respecto existen diferencias.
Entre ambas fracciones se presentan contradicciones que no llegan a establecer una confrontación fundamental, pero que pueden ser aprovechadas con miras a descomponer el bloque oligárquico y en función de reivindicaciones democráticas y antiimperialistas.
El imperialismo incentiva el entrelazamiento de las distintas fracciones de la burguesía, así como la preponderancia de los sectores monopólicos, en tanto ello es una necesidad para mantener su dominio.  A través de esto garantiza su papel de aliada del imperialismo norteamericano, con el apoyo fundamental del sector monopolista, que actúa como su socio menor e involucra al conjunto de la burguesía.
La burguesía no monopolista es inestable en su composición y cuenta con escaso poder social y político. Así esté entroncada con los monopolios y el imperialismo a través de múltiples medios, mantiene contradicciones con ellos que tienen que ver con sus aspiraciones de ascenso o su necesidad de pervivencia ante el constante proceso de diferenciación y quiebra a que se ve abocada.
12.1. En correspondencia con nuestra formación socio-económica, el proletariado es la clase fundamental en el país.  Está compuesto básicamente por los obreros fabriles, los de la industria minera, la construcción, la agricultura, así como los de otras esferas de trabajo productivo, de los servicios, el transporte y el comercio y, en general, por todos los trabajadores que intervienen en el proceso de valorización del capital.
El proletariado en Colombia se encuentra agrupado en las grandes, medianas y pequeñas industrias de diversas ramas de la economía.
El proletariado agrícola está integrado por los obreros de la agroindustria, los peones o jornaleros que trabajan en haciendas de diverso tamaño, los proletarios migrantes y temporales.
También es importante contabilizar al semiproletariado rural y urbano, que se acerca en sus intereses y objetivos al proletariado, y al ejército industrial de reserva. Dado el nivel de desarrollo capitalista existente en Colombia, especialmente en el campo, sectores amplios del proletariado rural mantienen propiedad sobre parcelas, cuya explotación opera como elemento accesorio, mientras la venta de su fuerza de trabajo constituye su característica fundamental.
El proletariado lo definimos como clase fundamental en Colombia no solo en función de su ubicación en la producción y su papel histórico, sino también en razón del crecimiento que muestra, considerando además el concepto de familia proletaria y de ejército de desempleados.
La configuración de la clase obrera se ha dado en medio de un proceso complejo, que presenta zigzags, desarrollo desigual, heterogeneidad y oscilaciones.  En promedio, la fuerza proletaria es joven, presenta recomposiciones y movilidad; generaciones anteriores se han visto aún ligadas a la propiedad de la tierra o de medios rudimentarios de producción, la participación femenina se ha incrementado y, dado que el salario no copa la reproducción de la fuerza laboral del obrero y su familia, la esposa y los hijos tienen que recurrir con mayor frecuencia a complementar el sustento familiar.
Las medidas neoliberales de la burguesía han incidido en la situación material, en la organización, conciencia y nivel de lucha del proletariado.  Su trabajo por fragmentar a los trabajadores y desagregar a la clase obrera por medio de la parcelación del proceso productivo, a través de la aplicación de la RCT y los nuevos métodos de gestión y administración, han producido efectos negativos en la clase obrera. La proliferación de la informalidad, el trabajo domiciliario, las maquilas, la legislación laboral regresiva, los golpes a la organización sindical, la corporativización de sectores, el intenso trabajo ideológico, el oportunismo y la penetración de ideas socialdemócratas y, en especial, el asesinato sistemático de dirigentes obreros y lideres populares son elementos que han golpeado a los trabajadores, han mellado su nivel de lucha y están exigiendo cambios en nuestras propuestas frente a ella. Pero nada de esto desvirtúa su papel.  Las características fundamentales que hacen de ella la clase más revolucionaria, la llamada a encabezar los cambios en esta época histórica, a representar el conjunto de los intereses del sujeto revolucionario y a encabezar la alianza obrero-campesina-popular, se mantienen.
12.2. Existe una importante, y numerosa población que cobijamos bajo la denominación de capas medias o pequeña burguesía, tanto en la ciudad como en el campo. El análisis nos indica que lejos de ser homogéneas, en su interior se presenta una gran diferenciación, digna de tomar en cuenta en el análisis económico, y en lo que atañe a su comportamiento político.
El amplio número de trabajadores asalariados, desposeídos de medios de producción, cuyo patrón es la burguesía o el Estado directamente, que no están en la esfera productiva, sino ligados a la circulación, a la administración oficial que incluye una franja amplia de la burocracia estatal, a la educación, la salud y los servicios, constituye parte importante de estas capas medias. Su experiencia de lucha, su calificación e instrucción, su organización sindical al lado de los obreros de sectores fundamentales, son características de gran importancia que nos llevan a tenerlos en cuenta como sectores cercanos al proletariado.
La intelectualidad, vista como sector social, está conformada por diferentes clases, pero el grueso de sus integrantes hace parte de las capas medias. Sufre los rigores económicos de la crisis viendo reducidas sus posibilidades de subsistencia y de desarrollar sus aportes a la cultura y la ciencia. El imperialismo y la burguesía, dada la importancia de los intelectuales en la multiplicación de la influencia ideológica y su liderazgo en nuestra sociedad, han hecho un intenso trabajo de cooptación de esta capa y han logrado que sectores importantes se coloquen al servicio del Estado, ya sea desde las instituciones públicas, o desde los centros académicos, científicos o de diversa índole de carácter privado. Esto realza la necesidad que tiene el proletariado de contar con sus propio intelectuales o con personas que defiendan posiciones democráticas en este ámbito.
Los pequeños industriales y comerciantes, los campesinos pobres y medios, y los artesanos, integrantes de las capas medias, se encuentran articulados al desarrollo capitalista en tanto dependen de él y a su vez están amenazados por él. Constantemente se ven lanzados a la ruina. Trabajan por cuenta propia; recurren al trabajo directo del propietario y su familia; y ocupan personal asalariado de manera temporal o en pequeña escala. Hacen parte de las capas medias; los pequeños rentistas, los profesionales independientes o asalariados que por el nivel de sus ingresos y actividades económicas se ubican en esta posición.
12.3. Al estudiar la población ligada al llamado «sector informal» encontramos un amplio volumen de pequeña burguesía empobrecida, semiproletarios, proletarios desempleados.
El surgimiento y auge del sector informal responde tanto a la crisis del capitalismo como a las políticas que adopta para sortearla y amortiguar el conflicto social, especialmente para disimular el desempleo crónico.
Las políticas neoliberales han contribuido a multiplicar el fenómeno de la informalidad y lo han usado para disminuir la presión sobre el capital, para desvalorizar la fuerza de trabajo, quebrar las conquistas obreras y hasta intentan organizarla para contraponerla a la acción del proletariado.
Al mismo tiempo, la burguesía y el imperialismo se sirven del sector informal como fuente de fuerza de trabajo barata, a la que se le niegan las prestaciones, la estabilidad laboral y la organización sindical.
12.4. En la actualidad, cerca de la mitad de la población rural carece de tierras. La gran mayoría son jornaleros agrícolas, arrendatarios y aparceros. El campesinado pobre y medio, en cuanto clase en transición, presenta una diferenciación progresiva.
Pese a la disminución del volumen de población rural (27%) y a la crisis que ha afectado al campo, la producción agrícola mantiene un peso importante en la economía.
Los problemas del campesinado colombiano han adquirido tintes realmente dramáticos por la envergadura de la contrainsurgencia, el paramilitarismo y la lucha contra el narcotráfico.
De ahí que el derecho a la vida, la desmilitarización, el reclamo de diálogo con el movimiento guerrillero, la exigencia de sustitución de cultivos y el respeto a los derechos humanos son banderas que se unen a las reivindicaciones económicas de los pobladores del campo, a su necesidad de tierras, crédito, comercialización de sus productos, asistencia técnica, etc.
12.5. Los indígenas conforman un sector social heterogéneo que integra diferentes comunidades étnicas y culturales. Representan alrededor del 1.5% de la población colombiana; se encuentran diseminados en comunidades y grupos en diversas zonas del país. Han sufrido un duro proceso de diferenciación agresión, simultáneo con el desconocimiento de sus derechos sobre sus resguardos, de su cultura y tradiciones. Los indígenas se integran en general a las clases y sectores populares, en especial al campesinado pobre. Pero es incorrecto asimilarlos de manera plana al campesinado y sus reivindicaciones. Junto con la confluencia de intereses entre las minorías étnicas indias y los sectores populares, existen elementos específicos económicos, sociales y culturales que no podemos desconocer.
Dentro de los indígenas encontramos sectores que han evolucionado hacia el proletariado agrícola y minero, grupos de artesanos y sectores semiproletarios. Simultáneamente perviven núcleos indígenas, principalmente en los departamentos de Cauca, la Costa Atlántica, Nariño, regiones de Antioquia, Huila y Tolima, que conservan su organización y vida comunitaria.
A partir de la reforma constitucional de 1991 alcanzaron un grado de reconocimiento y representatividad, que el gobierno ha querido utilizar para cooptar el movimiento indígena. Sin embargo, los problemas indígenas siguen sin ser resueltos y este sector mantiene un importante nivel de identidad y organización propia.
12.6. Las comunidades negras representan alrededor del 21% de la población Colombiana. En su interior existe una diferenciación clasista que tiene orígenes en situaciones históricas que se remontan al periodo de la colonia. Empero, como etnia, pese a las dificultades y precariedad organizativa y a la dispersión que sufre, tiene un buen potencial de actividad y una lucha pendiente contra las formas de discriminación que no por sutiles dejan de ser una violación a sus derechos.

El Estado Colombiano

13. Por sus características esenciales y los intereses de clase que encarna, el Estado colombiano es burgués pro imperialista. Su objetivo central es garantizar las condiciones económicas y políticas de reproducción de la actual formación social y defender por todos los medios los intereses de las clases dominantes y del imperialismo norteamericano.
El Estado colombiano evidencia factores de crisis y descomposición que tienen que ver con la negación y entrega de su soberanía al imperialismo norteamericano, la crisis institucional y de los Partidos políticos burgueses, con el desprestigio que él y sus Fuerzas Armadas han sufrido por efectos de violación al derecho a la vida y demás derechos humanos, por la impunidad que persiste, por sus nexos con las mafias y el paramilitarismo, por la corrupción, además de la problemática y el descontento social en todos los ámbitos.
Para ejercer su dominio, la burguesía se apoya principalmente en la fuerza organizada y represiva del Estado y su pilar central, las fuerzas armadas reaccionarias. Dicha fuerza se ejerce a través de la coerción que ha asumido formas de terrorismo de Estado y de guerra sucia, el incremento del militarismo y la liquidación de la oposición política, el aliento al paramilitarismo como expresión del terrorismo de Estado, que luego de los acuerdos de Santa Fe del Ralito está tomando nuevas formas, abiertas y legales, que incluyen las «cooperativas» de autodefensa y se ha unificado para desarrollar un trabajo político abierto, de contenido derechista de corte fascista, bajo la inspiración anticomunista y de combate contra el movimiento guerrillero y las luchas obrero-populares.
Con la orientación de los estrategas del Pentágono se ha impulsado a fondo un trabajo ideológico como parte de la política estatal dirigida a desmovilizar la acción revolucionaria y democrática, a cimentar una cultura anticomunista y a granjearse un apoyo de masas para recomponer su legitimidad. De ahí la intensificación en el uso por parte del Estado burgués del discurso sobre paz y democracia, sobre derechos humanos pacto social que, bien vale advertir, no se queda en el simple plano de la demagogia, sino que recurre a algunos cambios reales pero limitados y ordenados según sus fines. En este mismo sentido opera la actividad de la socialdemocracia y otros oportunistas.
La Constitución de 1991 no cambió la esencia del Estado actual. Fue un intento por legitimarlo jurídicamente, tanto internacional como nacionalmente, y un trabajo por adecuarlo a las exigencias del neoliberalismo y del imperialismo norteamericano. La esencia contrainsurgente y el presidencialismo que lo caracterizan se mantuvieron, así como el poderío y privilegios de las fuerzas armadas. El carácter represivo y terrorista ha sido reforzado con el paramilitarismo, la guerra sucia reformas a la justicia (que incluyeron la derogada jurisdicción regional de orden público o justicia sin rostro), altamente lesivas de los derechos humanos.
Con posterioridad a la Carta Constitucional se han implantado sucesivas contrarreformas que han limitado o desvirtuado los tímidos avances que en materia democrática se habían logrado.
Los procesos de privatización y desregulación del Estado han disminuido su papel en cuanto garante del bienestar social y como inversor directo en la economía. En cambio, el Estado colombiano es hoy más represivo, afianza las tendencias hacia su endurecimiento de corte pro- fascista, está más comprometido y al servicio de los monopolios privados nacionales y extranjeros, recurre a formas dictatoriales y ejecutivas bajo la conmoción interna, ha extendido su presencia en el territorio nacional, especialmente por medio del control, ha dado algunos pasos en la recomposición del consenso por la vía pactista y en la cooptación de franjas de los socialdemócratas y otros oportunistas.
Con las contrarreformas neoliberales se operan importantes mutaciones en el Estado y sus aparatos económicos. Ha fracasado estruendosamente el Estado cepalino o keynesiano, de inspiración socialdemócrata, que presumía de ser garante del acumulado social de la nación, que brindaba la base monetaria, crediticia y económica para el mercado interno, para apoyar la base industrial y agrícola del país, sobre las cuales se erigía un determinado nivel de vida y unos derechos de las masas, para lo cual presuntamente distribuía de forma equitativa dicho acumulado colectivo a través del presupuesto, colocándolo al servicio del llamado «sector social».
Este Estado, bajo la contrarreforma neoliberal para paliar la crisis, se vuelve cada vez menos distribuidor de los «beneficios sociales» y cada vez más instrumento expropiador de recursos naturales y sociales a favor de los monopolios privados y del imperialismo; para lograrlo reacomoda sus instrumentos internos.
El Estado social reformista, para acallar la creciente efervescencia de las masas tras la II Guerra Mundial y sacar al imperialismo de la gran depresión económica, utilizó el tesoro nacional, así como el sistema monetario, crediticio y fiscal de la nación para estimular los monopolios privados, por medio de recurrentes déficit fiscales, lo que ha llevado a todos los Estados del mundo al sobre endeudamiento y a muchos al borde de la bancarrota.
Ante el fracaso de dichas seudo-reformas sociales, el neoliberalismo impone, entre otras medidas, la separación en la rama ejecutiva de la autoridad monetaria y crediticia, de la autoridad presupuestal y fiscal, conocidas como la «Independencia del Banco Central», más en el papel que en la realidad.
Además, el Estado bajo las contrarreformas neoliberales deja de ser garante del acumulado social nacional, que cimenta el mercado interno y suministra la base económica a la industria y el agro criollos, para lo cual necesitaba unas barreras arancelarias y unas financieras, pasa bajo la batuta neoliberal a ser instrumento directo del imperialismo, negando de plano los mínimos derechos de las masas populares.
Esto se debe a que la crisis nacional e internacional determina que para los monopolios sea de mayor interés táctico y estratégico incrementar la asociación con las multinacionales y el imperialismo, que conservar sus privilegios internos. Este entrelazamiento creciente lo logran los monopolios criollos a través de convertir parte de su capital en capital financiero, sobre la base de las privatizaciones de las empresas de servicios públicos y seguridad social.
Un importante papel en esta transformación del Estado lo juega la modificación de las funciones del Banco Central (Banco de la República, en Colombia) impuesta en la Constitución neoliberal de 1991. La llamada independencia del Banco de la República frente al gobierno, es decir, frente al gasto presupuestal, se realiza con el presunto objetivo de mantener una «moneda sana», que no se deprecie internamente por los altos niveles de inflación -pese al creciente impulso a la devaluación frente al dólar y las demás monedas internacionales-. Sin embargo, la reducción de los índices de precios al consumidor, hasta ahora pírricos, no es más que una columna de humo al servicio del sector financiero y los monopolios privados, para buscar estabilizar y estimular el especulativo mercado de capitales, que permita engullirse las empresas estatales, en asocio con los monopolios imperialistas, y cercenar el salario indirecto colectivo de las masas.
La corrupción es otro rasgo del Estado Colombiano. La evasión de impuestos por parte de las empresas multinacionales, de los monopolios, de los oligopolios y los ricos de este país crece de manera alarmante según cifras de la prensa oficial; igual situación ocurre con el contrabando y la corrupción según informes de los organismos de control del Estado. Una gruesa parte de los congresistas, altos jefes militares y encumbrados funcionarios están ligados al narco-paramilitarismo, involucrados en actos de corrupción y a contrataciones fraudulentas. De ahí que la lucha contra la corrupción se ha convertido en una bandera democrática, imposible de enarbolar desde las contaminadas esferas del Estado y los partidos de la oligarquía.
14. El imperialismo y la guía neoliberal, necesitan un tipo de Estado más dócil a sus objetivos, menos soberano, aparentemente menos fuerte, pero en la realidad mis agresivo en el manejo del conflicto social, al punto de que hasta la pobreza cae en la categoría de asunto de seguridad. Este tipo de Estado está mis abiertamente al servicio de los grupos monopólicos, sus medidas en el campo financiero y monetario, la entrega de las cesantías y prestaciones de los trabajadores a manos privadas, la política tributaria y la intervención en sentido regresivo en la esfera de la distribución, así lo demuestran.
Igual sucede con el ordenamiento jurídico sobre las relaciones obrero patronales y la intervención estatal ante las quiebras de entidades y empresas, por medio de las cuales socializa las pérdidas y privatiza las ganancias. Para no hablar del papel del Estado en la regulación y represión del conflicto social, que busca crear el clima favorable para la obtención de ganancias para los monopolios.
15. La dependencia del imperialismo norteamericano se expresa en el Estado a través de las imposiciones doctrinarias, de la estrategia contrainsurgente y la política de Guerra de Baja Intensidad; por medio de los pactos y tratados abiertos encubiertos; de la orientación general de la economía y los programas de monitoria del FMI o el BM; de la injerencia de las Fuerzas Armadas norteamericanas y la pertenencia al TIAR ahora disfrazado con la «Carta Democrática» de la OEA; de la acción de las agencias de inteligencia yanquis; del desconocimiento de la soberanía nacional por diversas vías, entre ellas, la entrega de recursos naturales, y de la agresión ideológica y cultural, que ha cobrado una gran importancia.
Las formas interestatales que han surgido en diversos campos, o las que se intentan revitalizar como la OEA que promulgó su «Carta Democrática» incluyéndole el derecho a la intervención e injerencia de todo tipo en la vida de los países miembros, las organizaciones comerciales por bloques o zonas y los Tratados de Libre Comercio, son espacios desde los cuales el imperialismo impone las líneas de conducta para los países dependientes, invocando una supuesta legitimidad y autoridad para hacerlo. También se vale de otras «agencias» que actúan en sus campos respectivos para impulsar un pensamiento retrógrado, difundir sus <productos culturales» y cercenar la cultura de los pueblos y el pensamiento progresista.

El Régimen Político y el Gobierno de Colombia

16. Aunque el régimen actual en Colombia sea presentado formalmente como democrático liberal, es, en realidad, un régimen autoritario, oligárquico, presidencialista, con crecientes expresiones militaristas, con tendencia general al fascismo y excluyente frente a la auténtica participación popular.
Mientras la democracia en Colombia carezca de sustento material, mientras sean negados el derecho a la vida y al trabajo, mientras los pilares reaccionarios del Estado se mantengan, la democracia participativa que proclama la nueva Constitución, no pasará de ser un concepto político vacío. Sin una real democracia en la vida económica, la democracia burguesa seguirá siendo abstracta, cambiará formas pero no contenidos, será una mistificación de la administración pública para quebrar la resistencia y lucha de las masas.
En nuestro país no es posible hablar de Estado y régimen político sin considerar el fenómeno de la violencia.
A partir del carácter de clase del Estado, de su condición pro imperialista, de los factores de crisis mencionados, el Estado ha sido incapaz de responder a los anhelos de reformas de las mayorías. Ha sido excluyente, practica la democracia restringida bajo la guía de una concepción de la seguridad nacional que tiene su razón de ser en la preservación del sistema económico y el poder imperante por encima de cualquier consideración.
Todo ello ha conducido a un cierre de las vías democráticas para la disputa por el poder, a la eliminación del adversario, al uso sistemático de las más variadas formas de violencia reaccionaria y a un ambiente estrecho y excluyente para la lucha política. En tanto el Estado y el gobierno no representan a las mayorías colombianas, por más que se esfuercen por recomponer el consenso e implantar su legitimidad, siempre chocarán con unos límites de clase al respecto.
La violencia en Colombia ha sido una constante de nuestra historia. Sus causas las encontramos en la situación económica, en el nivel que ha adquirido la confrontación entre las clases, en la forma como se plantea la lucha por el poder, en la necesidad que las masas tienen de organizar su defensa y conquista de aspiraciones, en la ausencia de canales adecuados para la lucha política y en la propia historia de nuestro pueblo. Por eso el recurso de las masas a la violencia revolucionaria se justifica plenamente.
17. Los sucesivos gobiernos son responsables directos de la ejecución de la política del imperialismo y la burguesía. Durante estos últimos años se han acentuado los elementos represivos, el terrorismo de Estado con sus engendros del paramilitarismo y la guerra sucia. Pero lejos estamos de creer que son éstos los únicos medios para ejercer su mandato, o de pensar que entre cada uno de los gobiernos recientes no existen diferencias tácticas.

La Estrategia Revolucionaria

18. Los marxistas-leninistas planteamos para Colombia la necesidad de una revolución democrática, antiimperialista, en marcha al socialismo. La toma, ejercicio y defensa del poder político, económico y social por el proletariado y las masas populares es el objetivo que guía la acumulación de fuerzas revolucionarias y constituye el problema esencial que deben resolver el Partido y la revolución.  Concebimos nuestro norte de poder popular, tanto en lo táctico como en lo estratégico, al servicio de la construcción de una nueva sociedad, la sociedad socialista y, en últimas, en función de alcanzar la sociedad comunista.
Nuestro objetivo estratégico es el derrocamiento del Estado burgués¬ pro imperialista y el cambio revolucionario de las estructuras que lo sostienen, la abolición de toda forma de dependencia y la aplicación del programa estratégico de la revolución que profundice la destrucción del capitalismo y construya sólidos cimientos hacia la sociedad socialista.
Trabajamos por una revolución popular para liberarnos del yugo del imperialismo y de las clases en el poder y establecer una nueva sociedad. Se trata de un proceso revolucionario único e ininterrumpido, no de dos revoluciones distintas, ni de establecer primero una etapa democrática como paso obligado y previo hacia el socialismo.
Enfatizamos en las tareas democráticas y antiimperialistas, condición necesaria para despejar las transformaciones socioeconómicas fundamentales y avanzar en la construcción del socialismo, pero expresamos claramente el compromiso de iniciar la construcción socialista a partir de la toma del poder; sus alcances dependerán de múltiples factores, entre los cuales la correlación de fuerzas a nivel nacional e internacional tiene un lugar destacado.
La marcha hacia el socialismo y la construcción de éste se fundamentan en el papel del Partido marxista leninista, de la clase obrera y las masas, en la vigencia de la teoría del proletariado, en aspectos estratégicos de la base económica que conlleven la unión de los productores directos con los medios de producción y los consiguientes cambios en las relaciones de producción.  Mantener este norte ayuda a ligar mejor la revolución democrática antiimperialista con el socialismo.  El período de transición hacia el socialismo está marcado, entre otras cosas, por una intensa lucha contra las pervivencias capitalistas y burguesas tanto en la base económica como en la superestructura.  En ellas reposa la posibilidad de restauración del capitalismo y reversión del proceso.  De ahí que demos gran importancia a la lucha contra tales pervivencias, al papel del Partido, al carácter de clase del Estado, a la profundidad y acierto en la lucha de clases en todos los campos, al papel protagónico de la clase obrera y las masas para garantizar la culminación de esa fase de transición y así dar solución al problema clave de “quién vencerá  a  quien”.
19. La Estrategia de nuestra revolución no sólo entraña una integración de las tareas antiimperialistas, democráticas y socialistas, con énfasis en las primeras, sino que conlleva la concreción de un amplio margen de aliados; la definición del imperialismo norteamericano y la burguesía monopolista como el blanco principal a golpear; el compromiso con un programa coherente con el carácter y estrategia propuestos; y la claridad en el rumbo socialista del proceso y en el papel dirigente que corresponda al proletariado y su Partido.
La lucha democrática y antiimperialista exige profundas transformaciones en el contexto estratégico, especialmente cuando la burguesía ha renunciado a la defensa de la soberanía nacional y ha asumido un papel colaboracionista frente al imperialismo, correspondiendo al proletariado encabezar la lucha por los objetivos democráticos y nacional-revolucionarios.
20. Con el triunfo revolucionario nos proponemos destruir el actual Estado burgués-pro imperialista y establecer un Estado democrático popular. Este Estado, que es de transición, debe expresar los intereses de las clases revolucionarias y protagónicas del triunfo, en últimas, de las alianzas establecidas para la toma y ejercicio del poder popular.
Tanto en el periodo previo, como durante y después del desenlace revolucionario, el proletariado trabajará por jugar su papel dirigente, de modo que le imprima al proceso y al Estado mismo un carácter de clase cada vez más definido, en la perspectiva de la dictadura del proletariado.  De esta manera expresa su papel de vanguardia que no puede ser cedido o relegado a ninguna otra clase, so pena de poner en riesgo o renunciar al rumbo socialista.
En las condiciones de nuestro país el ejercicio del papel dirigente por el proletariado y su Partido marxista leninista está ligado a la necesidad de forjar un amplio frente unitario, que concentre las fuerzas necesarias para ejercer una conducción conjunta de las luchas de las masas. El proletariado y su Partido, antes de disolverse en este nivel unitario, está obligado a empeñarse a fondo para lograr jugar su papel de vanguardia.
21. Trabajamos por instaurar un Gobierno popular-revolucionario, elegido mediante mecanismos que expresen la soberanía popular.  Será un gobierno representativo, comprometido con el cumplimiento del programa revolucionario, que garantice la más amplia democracia para el pueblo, que defienda la revolución, el nuevo Estado y la nueva sociedad, que se apoye en las masas y fomente sus órganos de poder, que ofrezca elecciones democráticas, revocatoria del mandato y que establezca un amplio control por parte del pueblo en todos los órdenes, en función de lo cual es necesario impulsar la más amplia participación y organización de las masas.
Las Fuerzas Armadas reaccionarias deben ser sustituidas por el ejército revolucionario y el pueblo en armas forjados en el curso de la lucha y garantes de la marcha y defensa de la revolución. El parlamento, la rama jurisdiccional y la estructura ejecutiva serán reemplazados por nuevos órganos que expresen el poder popular.
No es posible tomar el poder y construir una nueva sociedad sin organizar la defensa de la revolución frente a los ataques de los enemigos internos y externos.  Por eso, el nuevo Estado, apoyándose fundamentalmente en las masas y sus organizaciones, debe poner en juego su fuerza contra todos los elementos que atenten contra la revolución.
La estrategia revolucionaria en Colombia está ligada a los factores internacionales, por eso debe tomar en cuenta la confluencia de los elementos internos y externos para el triunfo y la transición hacia el socialismo.  La revolución en nuestro país hace parte de la revolución mundial y, por eso, ofrece y reclama la solidaridad activa. En particular, nuestro Partido trabaja por desarrollar unas líneas comunes estratégicas y tácticas para el proletariado y los pueblos latinoamericanos, por recuperar su historia de luchas y el pensamiento democrático, libertario y socialista que las ha alentado.
22. Es posible el triunfo revolucionario actualmente, como lo demuestran los pueblos que se han levantado y han derrocado regímenes reaccionarios. La posibilidad del triunfo está cimentada en el materialismo histórico, que ha demostrado la necesidad de una sociedad cualitativamente diferente y superior a la actual, así como la existencia de contradicciones insolubles en el marco del sistema capitalista y la crisis que lo afecta. La superioridad del sistema socialista también ha sido comprobada en la práctica y no puede ser negada por los procesos de reversión que se han dado en varios países. Esta visión no es plana, ni está exenta de dificultades, zigzags y retrocesos. Para que el triunfo revolucionario se convierta en realidad se requiere la presencia de los factores objetivos y subjetivos, que son decisivos para la transición al socialismo y para evitar las regresiones. Dentro de ellos destacamos el papel de la conciencia revolucionaria y del Partido leninista en todo lo largo del proceso.
Desde el punto de vista objetivo, nuestro pueblo tiene las condiciones básicas para vencer al imperialismo norteamericano y a las clases reaccionarias internas, asido a sus propias fuerzas y con el apoyo de los pueblos, naciones y países amantes de la libertad, la democracia y el socialismo. En la actualidad existen factores favorables para superar las debilidades que se presentan en el desarrollo de la conciencia, la movilización, organización, lucha, unidad y alianzas necesarias para avanzar en la acumulación de fuerzas para la toma del poder.
23. La síntesis del programa estratégico que nuestro Partido plantea, es la siguiente:

- Expulsar al imperialismo norteamericano del país y así contribuir a su derrota; derrocar el Estado burgués-pro imperialista y establecer un Estado democrático-popular, que sintetice nuestro norte táctico y estratégico de poder popular y se encamine hacia la construcción del socialismo; en ese sentido trabajará, de la manera más democrática posible, por establecer una nueva Constitución.
- Estructurar de manera democrática un nuevo régimen político.
- Conformar un gobierno de coalición popular y democrática.
- Luego de la derrota de las fuerzas armadas reaccionarias, el nuevo Estado desarrollará y dará un nuevo estatus a las fuerzas armadas populares, que articulan la acción del Ejército Popular Revolucionario, con el armamento y adiestramiento militar de todo el pueblo. Definirá un tratamiento para quienes deseen incorporarse al proceso revolucionario, establecerá el castigo para los criminales comprometidos en masacres, delitos de lesa humanidad, violaciones a los derechos humanos, etc., y eliminará los grupos paramilitares y de sicarios que han sido sustento de la guerra sucia y el terrorismo.
- Trabajar por instaurar y consolidar la paz democrática interna sobre las nuevas bases creadas por el triunfo revolucionario.
- Asumir una política internacional basada en la independencia y la soberanía nacional, la paz entre los pueblos y las naciones del mundo, la autodeterminación, la cooperación en pie de igualdad con todos los países, y el apoyo a las luchas de los pueblos y naciones por su liberación nacional y social. Estimular la integración latinoamericana.  Cancelar los pactos y acuerdos lesivos a nuestra soberanía.
- Promover un auténtico desarrollo nacional independiente y soberano.  A partir del desarrollo de las fuerzas productivas y sobre la base de las nuevas relaciones de producción, el Estado y el Partido, apoyados en la clase obrera y las masas, deben marcar en la economía el rumbo hacia la implantación del socialismo.  Integrar la planificación centralizada con el estímulo al desarrollo de la producción y la productividad y trazar políticas frente a otras formas de producción y propiedad que seguramente coexistirán durante un buen lapso.
- Los recursos naturales, los grandes medios de producción, los pulpos financieros, la gran propiedad territorial, el comercio en gran escala, el transporte y demás propiedades en manos del imperialismo y la burguesía monopolista, pasarán a manos del nuevo Estado y del pueblo, según las condiciones, para que se conviertan en el motor del desarrollo y fuente del bienestar social.
- Desconocer la deuda externa y revisar los contratos e inversiones de las compañías extranjeras.
- Establecer mecanismos de participación de las masas populares y sus organizaciones en la planificación y el control de la economía, la vida política y social.
- Dar un tratamiento democrático y resolver los diversos problemas de las comunidades indígenas y negras, y las aspiraciones de las comunidades regionales y sectores sociales.
- Adoptar medidas que beneficien el desarrollo de las fuerzas productivas, la vinculación de las masas a la producción, el derecho al trabajo y el bienestar.
- Impulsar una reforma agraria que expropie a los latifundistas y terratenientes, que respete la pequeña y mediana propiedad, que promueva la producción agrícola y propenda por el establecimiento de formas asociativas de propiedad y producción en el campo.  Simultáneamente es indispensable crear y fomentar el bienestar material y la educación y los servicios para la población rural.
- Desarrollar una reforma urbana que elimine el monopolio de la propiedad de la tierra en las ciudades, libere a las masas del yugo de las entidades financieras y diseñe una política urbanística y un uso del espacio en las ciudades con fundamentos democráticos y populares.
- Construir una política revolucionaria en el arte y la cultura para promover la creatividad popular, los valores democráticos, revolucionarios y socialistas, de modo que se impulse y se acompañe el proceso de transformación de la sociedad.
- Establecer una política de Estado que defienda los Derechos Humanos, que propenda por el mejoramiento sustancial del nivel y calidad de vida de las mayorías, cubriendo las áreas de salud, educación, cultura, recreación y deportes.
- Estimular la identidad nacional bajo criterios democráticos y progresistas. Fomentar el internacionalismo y el espíritu de solidaridad con los pueblos.  Trazar políticas de desarrollo en los campos científico, investigativo y técnico.
- Llevar a cabo una política de defensa del ecosistema que apunte, en primer lugar, a eliminar la acción depredadora de las multinacionales, de la carrera armamentista y el manejo irresponsable de la energía nuclear. A partir de la redefinición del objetivo de la producción en la sociedad y de la expulsión del imperialismo, se puede lograr una relación armónica entre el hombre y la naturaleza y promover tal visión en la arena mundial.
- Formular soberanamente una política y un tratamiento frente a la producción, procesamiento, comercialización y consumo de sustancias sicotrópicas, que sintetice un esfuerzo internacional por solucionar el problema y que no supedite su visión al tema de la seguridad del imperialismo.  El nuevo gobierno atenderá más a la prevención que  la coerción,  la educación, a la sustitución de cultivos y  la eliminación de la fuerza paramilitar que ha girado alrededor de las mafias.
La amplia difusión del programa hace parte del trabajo político y propagandístico de todo el Partido.