XVI Congreso

La Formación económico-social de Colombia

1. Los rasgos específicos de nuestra formación económico-social permiten definir a Colombia como un país capitalista atrasado, dependiente del imperialismo norteamericano.
Los factores de la dependencia, las deformaciones estructurales y el atraso confluyen en nuestro país, marcando una propensión al desgaste del proceso productivo global, con escaso desarrollo del sector de bienes de producción, elementos de desindustrialización agravados por las medidas neoliberales, expresiones de la crisis estructural del sistema capitalista y presencia de ciclos de recesión y relativa recuperación, y con una orientación de la economía al servicio de los centros imperialistas, en particular de los Estados Unidos.

El neoliberalismo no ha logrado salvar a la economía de la crisis que vive. Por el contrario, los problemas se agudizan y siguen dando pie al descontento popular. Ha crecido el empobrecimiento de nuestro pueblo y se ha ahondado la brecha entre pobres y ricos; la dependencia del imperialismo norteamericano, la penetración de los monopolios extranjeros y el poder de los pulpos financieros son hoy más fuertes. Las deformidades estructurales de la economía y el atraso han aumentado con el neoliberalismo. El poder represivo del Estado y los gastos en seguridad crecen, mientras avanzan la privatización y la desregulación y disminuye la inversión para el bienestar social, que cae bajo dominio de particulares.
Para las clases dominantes no es fácil perpetuarse en el poder mientras se extienden el despojo, la  pobreza y la inconformidad; mientras se profundizan los desequilibrios y crisis inherentes al sistema, mientras su prepotencia militarista y guerrerista socava aún más las bases de este Estado y del régimen aparentemente democrático.
2. La generalización de las medidas neoliberales, llamadas de “desregulación, flexibilización y liberalización” de los mercados internos, dejan inermes los frágiles aparatos productivos de los países dependientes, tanto el agrícola como el industrial, así como su sector bancario, expuestos a las marejadas especulativas impulsadas por las fuerzas de las multinacionales y los pulpos financieros internacionales, que ahora tienen las manos más libres para hacerlo.
Los arquitectos de semejante acto reaccionario son los imperialistas que actúan en asocio con las oligarquías criollas, bajo el acoso de la crisis mundial y el temor a la revuelta social, con la excusa de que ésta es la única e ideal forma para ganar en “competitividad” internacional y atraer recursos “productivos” externos para financiar el desarrollo de estos países.
El neoliberalismo supuestamente intenta recuperar las economías de estos países tratando de revertir la severa caída de sus sectores exportadores y la peligrosa desacumulación interna, pero lo hace de la manera más insensata, pues, en vez de suprimir las nefastas relaciones de dependencia con el imperialismo y sus multinacionales -que son las principales causantes del saqueo-, de hecho, las fortalece, a la vez que estrangula los salarios y el gasto social y, por tanto, contrae el mercado interno, es decir, la base socio-económica fundamental de la cual el capital criollo extrae plusvalía. El dominio imperialista, en su esencia, pasa así de un control indirecto a ejercer un dominio directo del mercado y del ahorro interno y, por ende, a estrangular la base industrial y agrícola y la formación del capital nacional.
3. El proceso de monopolización en los sectores financiero, productivo, comercial y de servicios se presentó en nuestra economía de manera temprana y fuerte, consolidando el control oligárquico y pro imperialista en manos de poderosos grupos financieros extranjeros y nacionales, con las secuelas de quiebras y pauperización de amplios sectores de la población.
La monopolización no ha correspondido a un alto y acelerado desarrollo de las fuerzas productivas, sino a un agudo proceso de concentración y centralización del capital y la producción, atizado por la inserción del país en la economía mundial bajo el dominio del capital financiero, principalmente internacional, y con los rasgos de especulación que le son propios.
Los rápidos procesos de monopolización, urbanización y penetración del capitalismo al campo, en las condiciones de nuestra dependencia, entrañan profundos problemas de índole estructural y de pauperización general, al mismo tiempo que denotan una mayor socialización de las condiciones de producción y de la división social del trabajo.
Por efectos de la dominación del imperialismo, de los procesos de centralización y concentración   del capital y de las medidas neoliberales se han acentuado la monopolización, el enriquecimiento y papel de los grupos financieros, y con ello se han profundizado los desequilibrios de la economía, con el abultamiento de la especulación financiera sin que tenga un sustento real en la base productiva. 
El porcentaje de población considerado en la categoría de pobreza que, con las viejas definiciones del DANE, ya supera  el 60% va en aumento. Bajo el gobierno de Uribe Vélez, a partir de 2005, para tratar de ocultar esta dramática realidad se recurrió a fraudulentas nuevas definiciones en las estadísticas oficiales. El puñado de ricos del país no llega al 10% pero acaparan cerca de la mitad del ingreso nacional. Existe un deterioro progresivo de las condiciones de trabajo y una incapacidad crónica para generar suficientes empleos, con lo que el número de desocupados crece constantemente.
4. La burguesía en Colombia se ha asociado en condiciones de desventaja¬ con el capital imperialista preponderante.  En la actualidad el país hace parte de la periferia del sistema capitalista y está sujeto a la dominación económica, política, social y militar del imperialismo norteamericano, que decide el rumbo fundamental de la economía, la política y la vida social, según sus propios intereses y de acuerdo con sus proyecciones en la disputa por la hegemonía mundial.  De hecho, su desarrollo y su estructura están signados por el rasgo fundamental de la dominación y la dependencia del imperialismo.
Los distintos factores que caracterizan la dominación del imperialismo norteamericano sobre nuestro   país  se han acentuado.  Con la crisis y las medidas neoliberales para tratar de enfrentarla, el imperialismo pretende borrar los vestigios que quedan de independencia económica y la soberanía nacional.  La integración a bloques económicos bajo su total dirección, la eliminación de barreras para la circulación de   sus   productos y  -principalmente- de sus capitales, incluido el acceso al ahorro nacional, y las expresiones de intervención directa y agresión política y militar que hemos visto en los últimos años, así lo confirman hoy los avances en la aplicación del Plan Colombia.
El soporte principal de la dominación imperialista en el terreno económico sigue siendo la exportación de capitales bajo distintas modalidades, que con el pasar de los años cuenta con nuevos instrumentos. La deuda pública (externa e interna) es un medio de sujeción a los dictados norteamericanos, que se complementa con la desigualdad en los términos de intercambio, las barreras arancelarias y extra-arancelarias, el proteccionismo imperialista, el dominio de los mercados con las decisiones de la Organización Mundial del Comercio, el control científico y tecnológico, la propiedad directa de sectores importantes de nuestra economía y, principalmente, el manejo de los resortes financieros de la economía mundial.
Además, a medida que las economías norteamericana, europea y japonesa caen en recesión, bajan las cotizaciones de las materias primas, de cuyos ingresos depende en gran parte el desarrollo de la región y de nuestro país. En caso de que las potencias eleven más las tasas de interés, habrá mayores fugas de capital criollo y extranjero de la región, lo que estrangula el financiamiento de estos países, da lugar a nuevas crisis financieras y se generarán caos más profundos por los impagos de sus deudas externas.
Las compañías transnacionales no sólo explotan directamente y en forma asociada una importante porción de la fuerza de trabajo en Colombia, sino que se han desbocado en el saqueo de nuestros recursos naturales. Especial voracidad presentan frente a los sectores minero, energético, y la industria extractiva. El Estado actúa como socio de ellas y les garantiza la seguridad y las ventajas legislativas en los terrenos económico, laboral y social para favorecer sus tasas de ganancia. Tras su actividad, antes que dejar desarrollo industrial, en el país queda una estela de empobrecimiento y de depredación del medio ambiente.
El imperialismo norteamericano ha ejercido un intervencionismo agresivo en diferentes partes del mundo. Agotado el argumento de la guerra fría, esgrime ahora supuestas razones humanitarias y la “lucha contra el terrorismo”.  Frente a Colombia mantiene el pretexto de combatir el narcotráfico pero lo combina con el nuevo pretexto de la “lucha antiterrorista” para combatir la insurgencia como asunto que compete a su seguridad, se presenta como defensor de los derechos humanos, como adalid de la “democracia”. En realidad está fabricando argumentos para afianzar su dominio sobre naciones y zonas de influencia a fin de crear mejores condiciones en su lucha por la hegemonía mundial y como vía para extender su acción contrainsurgente.
Hoy es mayor el peligro de intervención militar abierta con gran movilización de tropas invasoras del imperialismo norteamericano en Colombia, que escalaría los pasos de intervención militar directa dados con las misiones militares, la injerencia, los radares, la participación en operaciones en nuestro territorio, la presencia de asesores y oficiales, yanquis, etc. 
El Plan Colombia sintetiza la estrategia global contrainsurgente y de colonización del país por parte del imperialismo norteamericano y Colombia, como modelo para la aplicación de los experimentos gringos de subyugación de América Latina y el Caribe, por obra de dicho plan, se ha convertido en cabeza de puente de una ofensiva de mayor envergadura contra los pueblos y países del subcontinente americano y, más particularmente, de Suramérica.
Enfrentar en todos los terrenos al Plan Colombia es una empresa en que el pueblo colombiano debe empeñarse con la mayor decisión e intrepidez; pero a su vez reclama el compromiso de las fuerzas revolucionarias y progresistas, así como el de los pueblos de esta vasta región al sur del Río Bravo.
Un intenso trabajo ideológico cultural, apoyado en los medios de difusión masiva y en una multiplicidad de mecanismos, esta destinado a ambientar la posibilidad de una intervención militar directa del imperialismo norteamericano en Colombia, así como a difundir el estilo de vida norteamericano, a socavar los valores culturales nacional-populares de nuestro pueblo y a eliminar el pensamiento progresista y revolucionario.
La ofensiva ideológico-cultural del imperialismo va de la mano de su política neoliberal, pretende ordenar todos los espacios de la vida cultural y personal de los pueblos según sus intereses. El uso de los medios de comunicación, de los desarrollos de las ciencias y del arte busca anular la conciencia revolucionaria, fragmentar a las masas, negar sus valores y castrar su espíritu creativo y de protesta.  Esto le exige al Partido una intensa lucha en este terreno, capacidad para formular alternativas, defender lo cultural, la historia, los valores populares, los espacios colectivos, además de desarrollar creatividad para hallar los medios más variados para lograrlo.  
5. La contradicción fundamental entre capital y trabajo en Colombia, como país industrial-agrario y dependiente, se expresa en la relación de explotación y saqueo de la burguesía imperialista y de las clases dominantes nativas sobre el proletariado y el pueblo. Pese a no ser un país capitalista desarrollado, se vive un fuerte proceso de polarización social, en medio del cual se sigue imponiendo el capitalismo (atrasado y dependiente) y se destaca la clase obrera, al mismo tiempo que se amplía la  franja de trabajadores asalariados, masas pauperizadas y de pequeña burguesía en el campo y en la ciudad.
Simultáneamente con la expansión del capitalismo y la penetración de éste al campo, hemos vivido un acelerado proceso de urbanización, al punto que más del 70% de la población (que ya bordea los cuarenta y cinco millones) se agolpa en las ciudades sin que la estructura económica ofrezca el crecimiento necesario para absorber esta migración de fuerza de trabajo y de población, con lo que se incrementa el desempleo y se expanden los llamados cinturones de miseria.
Las características que ha tenido la urbanización, así como los efectos de medidas neoliberales y de la reforma política, se han sentido en la situación objetiva y subjetiva de las masas populares. Los cambios que de ellas se derivan deben ser tomados en cuenta para el diseño de nuestras políticas y para el trabajo con las masas. Alrededor de los yacimientos petroleros también se están desarrollando nuevos núcleos urbanos, de manera forzada y con particularidades en todos los campos, que demandan un tratamiento específico de  nuestro Partido.
El poblamiento urbano no ha sido planificado ni ha representado un mayor nivel de bienestar para la población. Esto puede verse en el empobrecimiento de extensas capas urbanas, el hacinamiento, el desempleo y la informalidad; en la falta de acceso a servicios públicos, recreación y cultura; en la segregación social presente en las ciudades, en el uso excluyente de los espacios públicos, en la coerción y represión que ejercen el Estado y sus Fuerzas Armadas y en la criminalización de la protesta popular y gremial. Las barriadas urbanas son hoy, también, explosivos núcleos sociales llamados a desempeñar un  destacado papel en la lucha popular y revolucionaria.
Un importante volumen de familias desplazadas forzosamente del campo sigue acudiendo a las ciudades o han tenido que dejar sus tierras y bienes para ir a campamentos de refugiados o a regiones diferentes. La agresiva penetración del capitalismo al campo, la agresión de los cuerpos represivos del Estado, de sus agentes paramilitares  y sus políticas de “repoblamiento”, la acción antiguerrillera, los bombardeos y las fumigaciones destructivas con glifosato, son los principales factores de estos éxodos.
6. La situación económica de nuestro país está marcada por la crisis, mayores desequilibrios, elementos de recesión, con manifestación de estancamiento, inflación, desempleo, informalidad y acentuado empobrecimiento de las mayorías populares. Paralelamente continúan la fuga de capitales, las dificultades en el comercio exterior, la devaluación, el deterioro de los términos de intercambio, suben las tasas de interés, decaen las reservas internacionales y se restringe el crédito para el sector productivo.
7. El papel de los gobiernos oligárquicos ha consistido en diseñar planes y legislaciones que adaptan el funcionamiento y administración del Estado a las exigencias imperialistas en lo económico, social, político y militar en los diferentes momentos de la vida de Colombia, Latinoamérica y el mundo.

 

La crisis imperialista afecta a Colombia

8. Si la crisis del capital es grande, peor aún es la de los países dependientes. Existe gran incertidumbre sobre el futuro de los principales sectores productivos del país, en general muy ineficientes, al ser sometidos a la doble tortura de la mayor competitividad en casi todos los rubros y las difíciles condiciones financieras internas.
Si hasta hoy la mayoría de las empresas, comercios y bancos están dando ganancias, se espera que disminuyan, además, pueden aparecer sensibles pérdidas en algunos sectores, y con seguridad la situación empeorará de continuar las condiciones negativas internacionales y nacionales.
El sector industrial está severamente resentido, con excepción de unas cuantas ramas, como se expresa en el aumento de los concordatos, sin desconocer que en parte son argucias legales para suavizar los impactos de las quiebras sobre la oligarquía y descargar su peso sobre la clase obrera y las masas populares.
Los grandes inconvenientes que aducen los industriales son la incertidumbre ante la enorme competencia externa, la incapacidad de establecer programas de inversión y reconversión tecnológica acordes con las necesidades y posibilidades del mercado nacional e internacional, las ventas insuficientes en el mercado interno, el aumento de los impuestos, la carestía y escasez de crédito. Esta situación no la resuelve, por el contrario, la agrava el TLC-ALCA. Los sectores industriales que no sienten el gran impacto de la competencia externa son aquellos cuyo valor agregado o ubicación en el país les asigna enormes ventajas sobre la competencia externa. Los industriales del país cuentan con la gran ventaja de la reducción creciente de los salarios al mínimo y del desmonte de las prestaciones sociales, para lo cual es fundamental adocenar los sindicatos y aplastar aquellos sectores que persisten en el sindicalismo clasista.
La recesión que afecta el campo, es ya lugar común en Colombia. Se han dejado de cultivar más hectáreas y se han perdido más empleos en el campo. El sector cafetero, que junto con el petróleo fueron pilares productivos de la economía -sin contar el narcotráfico- está diezmado. Se ha revelado que sectores agropecuarios, tales como el cerealero, oleaginoso, la avicultura y la ganadería serán arrasados si se entra a competir sin protección frente a los subsidios imperialistas con el TLC. Ya la industria de aceite de palma ha sido seriamente vapuleada por la importación de aceite más barato de países que tienen mano de obra mucho más barata, lo que no quiere decir que el proletariado palmero colombiano sea bien pago.
No menos preocupante es la situación financiera del Estado. El endeudamiento estatal (externo e interno), sigue siendo   oneroso, pues, si bien los bonos son menos gravosos en términos de intereses, siguen representando deuda, a pesar de no estar contabilizada en las cuentas alegres de los neoliberales. Pero estas “rebajas” se han agotado ante el alza de los tipos de interés en EE.UU. Además, el endeudamiento externo del sector  privado se agrega al del sector público pues es el Estado quien lo avala. 
La política económica y comercial internacional está ligada a un mayor entrelazamiento con el imperialismo y las demás oligarquías regionales para elevar los niveles de inversión y el entronque de capitales 
9. Pese a los estragos causados en América Latina por las políticas económicas neoliberales impuestas por el imperialismo durante las décadas pasadas, la esencia de éstas se mantiene en la actualidad, cuando crecen el estancamiento, la crisis y la pobreza y cuando la protesta popular se incrementa y el descontento se expresa de manera explosiva.
La burguesía norteamericana encubre su dominio y explotación bajo falacias tales como la integración económica, el funcionamiento de una única economía moldeada bajo los principios de la llamada globalización con la liberalización de los mercados y de movimiento de capitales, y bajo la particular visión de democracia y seguridad de los yanquis. La lucha contra la pobreza que ahora pretende enarbolar, no pasa de ser fruto de una visión asistencialista, marcada por sus necesidades de seguridad y poder, que busca acallar el descontento y la lucha popular.
Simultáneamente con los cambios en el manejo de la economía, se imponen  modificaciones en el papel de los Estados y de las Fuerzas Armadas, que cada vez más pierden los restos de soberanía y quedan bajo las decisiones y planes estratégicos del imperialismo, y sometidos a las formas de gobierno transnacional que han aparecido. El tratamiento del conflicto social, político y militar existente se ha readecuado, de acuerdo con los cambios en la disputa ínter imperialista y con las necesidades yanquis y la concepción contrainsurgente actual.
10. El impacto socioeconómico, político y militar del narcotráfico en el país y en el contexto internacional ha sido muy profundo. La economía colombiana continua siendo una economía narcotizada y corrupta, además de militarizada, lo cual afecta los negocios internacionales y crea la coartada para una invasión de EE.UU. Las cifras de los ingresos de las mafias del narcotráfico son muy imprecisas, pero se calculaban como una parte sustancial en el Producto Interno Bruto que se multiplica mucho más que el producto del comercio exterior legal.
En Colombia la conformación de los carteles de la droga se ha dado en medio de un cruento proceso a través del cual se han configurado virtuales consorcios financieros, que actúan en todas las ramas de la economía del país. Los dineros de las mafias han servido para sortear las crisis y para inyectar oxigeno a ramas de la actividad económica, aportando mayor desequilibrio, una alta cuota especulativa y encareciendo desmedidamente el costo de vida
Los carteles de la droga han conformado intrincadas redes para legalizar sus capitales, influir en las decisiones políticas y militares, en los medios de comunicación, en la deformación de los valores y el comportamiento de la población, con énfasis en los jóvenes. Han creado verdaderos ejércitos privados a su servicio que actúan ya como bandas de sicarios, ya como grupos paramilitares, o en coordinación y división de funciones con el ejército y la policía.
Los acuerdos entre narcoparamilitares y el gobierno de Uribe Vélez en Santa Fe del Ralito, las expectativas del gobierno de Uribe por las expropiaciones de las fortunas de los extraditados y los escándalos de la llamada “parapolítica” han dejado estas verdades económicas y políticas más al descubierto.
El imperialismo norteamericano ha utilizado insistentemente el argumento de la lucha contra el narcotráfico para justificar su agresión contra los pueblos y pisotear la soberanía nacional, tal como lo hace con el Plan Colombia. Tal uso hace parte de la estrategia contrainsurgente yanqui. Por su parte, la burguesía se ha servido de los buenos oficios de la mafia en la guerra sucia desatada contra el movimiento revolucionario y democrático, contra las organizaciones gremiales y sus dirigentes, que hoy se maneja con los paramilitares para tratar de cubrirle la cara a las instituciones represivas del Estado.
Mientras tanto, el gobierno norteamericano prohíja sus propias mafias y deja que los bancos de su país sean los principales medios de legalización de los inmensos capitales de éstas.
La producción, el procesamiento y el mercadeo de sicotrópicos, junto con otro tipo de actividades ilegales anexas, generan un superbeneficio que está ligado a las condiciones peculiares de su distribución y venta, en medio de una demanda creciente cuyo centro es Norteamérica. Los carteles de la  mafia colombiana han logrado en la actualidad una posición destacada, que cubre el cultivo de la coca y amapola, así como su procesamiento y mercadeo.
Desde EE.UU. se trata de crear confusión y ambientar la agresión con montajes sobre la supuesta narco-guerrilla. Así, se busca justificar la intervención en un asunto interno del país a cuento de la lucha contra el narcotráfico. Tales comportamientos arreciaron con la reversión del Canal de Panamá, pues nuestro país ofrece condiciones favorables para la comunicación interoceánica.
Es importante tener en cuenta el sentimiento antiimperialista que se ha ido levantando en la medida que avanza el Plan Colombia y la importancia que adquieren las banderas de defensa de la soberanía nacional, vía por la cual se pueden ampliar las filas de los antiimperialistas, demócratas y patriotas.