Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas

Un pequeño burgués con serios problemas psíquicos agredió el  pasado domingo (13 de enero), a Berlusconi en Milán, lanzándole a la cara un objeto a la salida de un borrascoso mitin en la Plaza del Duomo.
No bastaron para protegerle los numerosos militares de su escolta privada ni los policías de la secreta, que se añaden cuando se desplaza en público.
Desde su ingreso en el hospital, se ha desencadenado la jauría de los periódicos reaccionarios y de los medios gubernamentales, denunciando «el clima de odio y de violencia » existente en Italia contra el Primer Ministro,  acusando indiscriminadamente a todos y todo: reformistas, anarquistas, socialdemócratas y comunistas.
Ignoramos  si la agresión física contra Berlusconi ha sido un acto aislado de un desequilibrado, o si detrás hay oscuras maniobras. Lo que vemos son sus efectos y a quien benefician, porque no es la primera vez que se aprovecha el gesto de un psicópata para obtener ventajas políticas y propagandísticas  de casos así. (Véase la nota histórica, al final).


Lo primero que observamos es que el hecho se ha producido en  un momento de crisis política del gobierno, en la que el «mito político» Berlusconi estaba en evidente decadencia en la opinión pública. El día anterior al suceso las agencias periodísticas habían difundido la noticia de que el ministro estaba por debajo del 50%  en la opinión pública. El día después, en su papel de víctima, había subido: tantos puntos de sutura otros tantos de consenso.
En cuanto a los efectos políticos que ha tenido la agresión, no nos engañemos: se quiere aprovechar dicha agresión para poner firme a la mayoría de la derecha que se cuarteaba, dejar fuera de juego a la oposición social que se ha manifestado recientemente. La cuestión  es que en los últimos meses más allá de los partidos del Parlamento y de la fantasmagórica izquierda extra parlamentaria socialdemócrática pese a su debilidad política, se ha desarrollado, y puesto en marcha con nuevos medíos de comunicación, un amplio movimiento  de rechazo al ministro que plantea el problema de echar del poder a Berlusconi, a Maroni (Ministro del Interior) y a sus lacayos.
« ¡Censura!» ha sido la respuesta del gobierno reaccionario y de la clase dominante, la cual, no pudiendo contar ya con el papel tranquilizador de los partidos de deriva «refundacional» recurre al antiguo método de la represión mediante la censura.
De hecho, después de los sucesos de Milán los ministros de Interior y de Justicia, han hecho declaraciones proponiendo cerrar las págs. Web que ataquen al  jefe del gobierno. La ministra de Educación, Gelmini, ha pedido una ley para prohibir las protestas durante las manifestaciones públicas, que se añade a las prohibiciones ya existentes en algunas ciudades.
Se ha puesto en marcha un mecanismo represivo para aplicar nuevas medidas para frenar el movimiento de masas y promover ulteriormente una ofensiva económica, política y social contra la clase obrera y otros trabajadores. Hay que señalar que muchos «demócratas» en nuestro país, frente a esta acelerada transformación reaccionaria del Estado y de la sociedad, se preocupan por manifestar (en distinto grado) su solidaridad con  Berlusconi, o guardan un significativo y embarazoso silencio.
De este caso es necesario sacar  conclusiones precisas.
El método de la agresión individual no es un método eficaz para propinar serios golpes al adversario.
Para nosotros, comunistas marxista-leninistas, es el movimiento revolucionario de masas el que debe derribar con su lucha al gobierno reaccionario y antipopular de Berlusconi. Con ese objetivo es necesario luchar, no individualmente, sin orden, sino de manera organizada: creando y desarrollando, en las fábricas, en todas partes,, asambleas, consejos obreros y comités de lucha realmente representantes de los intereses fundamentales de los proletarios, y capaces de unirse en un frente único proletario que, con una estrategia y táctica adecuada, actúe con la perspectiva revolucionaria de un gobierno obrero.
Mas la estrategia y táctica adecuada a este fin, no pueden ser elaboradas mas que por un partido comunista que se base en el marxismo-leninismo. Reconstruir tal partido es hoy la tarea más urgente.

 



Plataforma Comunista de Italia


15 de diciembre de 2009


Nota histórica.- El 7 de abril de 1926, una dama irlandesa, Violeta Gibson,  atentó contra la vida del jefe del gobierno, Benito Mussolini, cuando salía del palacio del Campidoglio, donde había inaugurado un  congreso de cirugía. Gibson  disparó con pistola hiriéndole de refilón en la nariz.
Violeta Gibson fue librada con dificultad del linchamiento y llevada a la comisaría. En el interrogatorio se negó a dar las razones para el atentado. Se supuso que estuviese loca en el momento del atentado y que fue inducida por alguien desconocido. Violeta Gibson fue expulsada de Italia y enviada a Inglaterra donde permaneció treinta años en un manicomio.
El día siguiente al atentado Mussolini emprendió un viaje a Libia, y en Trípoli apareció con un vistoso apósito en la nariz, como se puede ver en las fotografías de la época.
Aquello sirvió para justificar una estrechez legislativa e instaurar un régimen de recortes legislativos y establecer un régimen de represión brutal y de terror policial contra la clase obrera y sus organizaciones.