La agresión del imperialismo estadounidense y el peligro de guerra crecen en Latinoamérica. Favorecidos, entre otros factores, por la grave crisis económica actual, la pérdida de sus posiciones ante la presencia de otros imperialismos en la región, la agresión y las guerras como una forma de solución a las crisis económicas. Esta política dirigida desde la Casa Blanca, se hace evidente a través del golpe de Estado en Honduras, el despliegue de la IV flota en los mares de Sudamérica y el aumento del personal militar y de mercenarios, junto al establecimiento de 7 nuevas bases militares en Colombia.

La oligarquía colombiana y el imperialismo a través de uno de sus más fieles lacayos, el Presidente colombiano Álvaro Uribe, han agredido y violado la soberanía territorial de los países fronterizos. Con la oligarquía venezolana llevan a cabo una política de establecimiento de grupos paramilitares colombianos a lo largo de los más de 2000 Km. de frontera común, en especial en el Estado venezolano del Táchira. Esta agresión está dirigida a desestabilizar el Gobierno de Chávez en Venezuela y servir de excusa para fomentar la guerra entre los dos países, que genere las condiciones que permitan la ocupación militar de la frontera por tropas extranjeras regionales o directamente del imperialismo estadounidense.
La creación de este foco de tensión está generando una carrera armamentista en los países de la región, que se ven obligados a desviar recursos económicos para armarse, beneficiando de paso los grandes monopolios. Beneficia al gobierno de Uribe al desviar la atención de las acusaciones que se le hacen en su país de corrupción, narcotráfico, paramilitarismo y genocidio. Sirve como excusa para el fomento del chovinismo y para impedir que los pueblos adquieran conciencia de la causa de las crisis que radican en el capitalismo, tratando así de frenar el ascendente descontento social y las movilizaciones populares.
Al mismo tiempo que genera la tensión en la frontera y el fomento de los asesinatos en particular de miembros del ejército venezolano, del espionaje y la ocupación paramilitar de Venezuela, el gobierno de Uribe despliega una intensa campaña diplomática ante diferentes organismos internacionales la OEA y la ONU, secundada por diferentes gobiernos y medios de comunicación, con la que persigue ser considerado como el agredido. Las apresuradas declaraciones del presidente Chávez, amplificadas por los medios de comunicación le ayudan en este objetivo.
Ni el pueblo venezolano ni el pueblo colombiano tienen nada que ganar con una guerra entre los dos países. Al contrario, serán ellos quienes carguen sobre sus espaldas las terribles consecuencias en todos los ámbitos de la misma.
Solo la revolución y el socialismo pondrán fin a las guerras, aseguraran la libertad, el bienestar, la paz y la soberanía de los pueblos.

 


Resolución propuesta por el Partido Comunista de Colombia (m-l) y el Partido Comunista de Venezuela (m-l).
Aprobada por unanimidad en la Conferencia de la CIPOML. Noviembre 2009