Colombia, octubre 22 de 2009
El ambiente político se agita y polariza más, tanto por las contradicciones entre las clases dominantes y el bloque político que rodea a Uribe, como por mayores rechazos al gobierno de muchos actores populares. El favoritismo a los monopolios más amigos de Uribe va asqueando, lo muestra el actual escándalo sobre el programa “Agro ingreso seguro” con sus multimillonarios subsidios a la agroindustria mientras los campesinos pobres y medios, así como los desplazados, les niegan la tierra y pequeños créditos.
Esto anima la lucha de organizaciones sociales del campesinado y estimula la combinación de todas las formas de lucha contra el régimen. Da más relieve a la insurgencia que no está derrotada y desarrolla acciones ofensivas en Arauca, Norte de Santander y otros lugares, a pesar de la “seguridad democrática”.
Hay un incremento inusitado de la violencia terrorista del Estado, que se asocia con la imposición de las bases militares yanquis en las instalaciones del ejército títere. Crece la penalización de la lucha social, abiertamente se intimida con su aparato represivo; por ahora se parapetan menos en los paramilitares a su servicio, lesionados por el fracasado proceso de “justicia y paz”.
La corrupción y el clientelismo campean principalmente en el manejo de las licitaciones para grandes obras y negocios en los ministerios de transporte y comunicaciones. Florecen en un Congreso que aprueba –por escasos votos y grandes exigencias al gobierno-- nefastas leyes como la reforma política plagada de antidemocracia y el referendo reeleccionista rodeado de mil truculencias.
El manejo mañoso de la reelección de Uribe es más evidente cada día, así frena la desbandada de su bancada parlamentaria, le sirve para hacer señales a favor de unos candidatos y quemar otros reduciendo el abanico de “sus delfines”. Ocurre justo cuando la ilegalidad e ilegitimidad de Uribe sentenciada por la Corte Suprema de Justicia en 2008 y por amplias opiniones y acciones de masas a lo largo de sus siete años de gobierno, soportan la exigencia de la renuncia de Uribe.
Los datos de la economía de Colombia indican que la crisis no toca fondo, que sigue en rojo y amenaza con nuevas quiebras en las industrias más avanzadas y generadoras de empleos. Claro indicativo de la crisis económica estructural de un país dependiente del imperialismo yanqui pleno de dificultades, en un mundo capitalista que NO logra cifras económicas positivas estables. Por consiguiente, por encima de las mentiras del Departamento de Estadísticas (DANE), hay realidades como el creciente desempleo y el abandono del campesinado, que están indicando el incremento de la miseria y la pobreza.
El presupuesto nacional aprobado en medio de la protesta estudiantil es de guerra, base de la “seguridad democrática”. Sacrifica la inversión productiva y el gasto social, avala el endeudamiento con el capital financiero multinacional y deja abierta la puerta a una ofensiva tributaria antipopular y a recortes de los derechos de los pensionados, entre otras medidas “contra la crisis económica” de inspiración antipopular y antinacional.
El declive de Uribe avanza a pesar de la manipulación mediática de corte fascista hoy llamada “Estado de Opinión”, se observa un gobierno a la defensiva ante buena parte de las denuncias de la oposición y de sus amigos que no se tragan los pobres resultados de sus políticas para desarrollo de la infraestructura vial y productiva. Porque crece el desempleo a pesar de las ventajas laborales y tributarias para el capital monopolista, propias de la llamada “confianza inversionista” que destruye la “cohesión social” que pregona el gobierno.
Ya se lee en periódicos extranjeros como El País (España) “…Colombia no quiere mirarse al espejo porque la lista de desaguisados que amojonan el segundo mandato presidencial, haría sonrojar hasta a un dictador” (13-10-09. El Tiempo). Las limitaciones y malos resultados de Uribe dañan a Colombia, incluso sectores de su clase asumen posturas críticas o distanciamientos, lo ven más limitado para engañar a las masas, gobernando en medio de un edificio en construcción (proyecto de “Estado Comunitario”) al que la crisis averió en sus bases.
El movimiento popular político y de masas registra acciones opositoras importantes que destacan la participación juvenil. A pesar de los altibajos de momentos diferentes a un flujo de masas, de la gran presencia derechista socialdemócrata y de otros oportunistas en las direcciones de organizaciones sociales importantes, son acciones que preocupan al gobierno y oligarcas; lo demostró la movilización estudiantil por presupuesto para las universidades públicas y, antes, los paros del magisterio, la comunidad educativa y funcionarios de la rama judicial del Estado, las huelgas del proletariado bananero y de los corteros de caña en alianza con la combativa Minga Indígena.
Muchos factores negativos y peligros conspiran contra la lucha popular, es indiscutible, pero las crisis estructurales económica, política, humanitaria y ambiental permiten maniobrar para conjurarlos y alimentar la tendencia al ascenso de la lucha de masas en Colombia.
Para ayudar a atenuar la crisis resurge la propuesta de cogobierno y pacto político con el “uribismo sin Uribe” (‘uribismo ilustrado’), muy favorable a la estrategia de las clases dominantes que plantean sectores arribistas que se denominan “centro-izquierda”, abrigados con la ideología derechista de la socialdemocracia que tiene en el candidato presidencial, Gustavo Petro, un porta estandarte de ellos que agita una pérfida “consulta interpartidista” pretendiendo ser vocero popular y “de la izquierda”.
Estamos ante una dura batalla para evitar que el pueblo caiga en esa celada derechista disfrazada de “unidad contra la dictadura de Uribe”.
El Movimiento de Oposición Régimen, en especial los miembros del PDA que defienden su ideario y estatutos, tiene un duro pulso con las tesis de “pacto con la burguesía” que hace parte de la lucha contra el oportunismo de todo color. Es una disputa esencial para propiciar un cambio a favor del pueblo y la liberación social y nacional en la que los revolucionarios estaremos en primera fila.


Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista)