XVI Congreso

1. El marxismo-leninismo está plenamente vigente. Es la ideología, la ciencia, la concepción del mundo de la clase obrera y lo asumimos como la teoría guía del pensamiento y la acción de nuestro Partido.El marxismo-leninismo integra, el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. Nos dota de un método para investigar las sociedades, las clases y su comportamiento, los Estados, los procesos sociales y sus tendencias.

Es indiscutible el extraordinario aporte de Marx al estudio de la economía, condensado en gran medida en su magistral obra El Capital. El marxismo es la filosofía de la praxis para la emancipación de la clase obrera y el resto de la humanidad en una época histórica determinada: la sociedad capitalista; esta coloca al centro el papel del proletariado.
Al definir el leninismo, Stalin lo relacionó con estos hechos, y dijo: "El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado, en particular". Acogemos esta  definición que nos entregó Stalin en su obra Fundamentos del Leninismo.
Como una extraordinaria contribución a la teoría y a la práctica de la organización de la clase obrera, entregó los fundamentos del partido político de clase del proletariado y enriqueció la relación entre el factor consciente con la clase y las masas. Desarrolló la teoría sobre las alianzas en la lucha por el poder. Estudió e hizo grandes aportes a la teoría y a la práctica  de la dictadura del proletariado y la construcción socialista, como período de transición hacia la sociedad sin clases, el comunismo.
El leninismo estudió el imperialismo en sus contradicciones internas y en su lugar histórico. Al caracterizar la época que inauguró el triunfo de la Revolución de Octubre, Lenin la definió como la época del hundimiento del imperialismo y del triunfo de la revolución proletaria.
Con esta caracterización de la época, Lenin desentrañó la existencia de sus cuatro contradicciones  fundamentales:

1º  Contradicción entre el proletariado y la burguesía. 
2º  Contradicción entre el Socialismo y el Capitalismo.  
3º  Contradicción entre  los pueblos y el imperialismo.
4º  Contradicciones ínter imperialistas e ínter monopolistas.

La solución de estas contradicciones conduce a la derrota del imperialismo y  al triunfo de la revolución proletaria. A partir de la Revolución de Octubre, los procesos revolucionarios de autodeterminación de las naciones, los procesos nacional-revolucionarios hacen parte de la revolución proletaria mundial. Este es otro de los enormes descubrimientos de Lenin.
Los principios, fundamentos y método del marxismo constituyen la única concepción y visión del mundo capaz de desentrañar la esencia de los más profundos procesos sociales y trazar los rumbos del desarrollo progresivo de la humanidad, como quedó demostrado en la invaluable experiencia inaugurada con la Revolución Socialista de Octubre de 1917 en Rusia. En su confrontación con el decrépito y decadente capitalismo, el marxismo-leninismo evidencia su plena vitalidad y vigencia, y la certeza de la lucha revolucionaria y de la perspectiva socialista y comunista, por más dificultades que haya que enfrentar.
2. El marxismo-leninismo es una teoría en permanente desarrollo. Está obligado a incorporar los elementos avanzados que la humanidad produce en su desarrollo multifacético. Debe apoyarse en las ciencias, dentro de una concepción dialéctico-materialista, para su cualificación como teoría materialista.
Los principios básicos de la teoría del proletariado no son suprahistóricos. Durante un largo período histórico, en el que el proletariado se coloca como la clase más revolucionaria, también su ideología y su teoría son las más avanzadas y las únicas capaces de guiar y garantizar las grandes transformaciones de la sociedad en todos los campos: la construcción de la nueva sociedad, la sociedad socialista y el comunismo.
Así como la sociedad capitalista se rige por sus principios y tiene sus leyes del desarrollo, también la sociedad socialista  tiene sus propias leyes y principios, a partir de los cuales puede resolver las graves contradicciones de la sociedad capitalista que frenan el desarrollo social y desatar los factores que determinan el progreso incontenible de la humanidad.
El socialismo necesita el desarrollo científico y técnico como condición para su propio avance; pero su concepción y finalidad son totalmente opuestas a las del capitalismo. En la sociedad socialista el progreso tiene como fin el beneficio de la humanidad, contrario, por esencia, al del capitalismo, que es la ganancia.
El marxismo leninismo se desarrolla en su vinculación con la compleja realidad que debe transformar, en medio de la lucha permanente en todos los campos, contra el pensamiento decadente de la burguesía y contra todas las tergiversaciones de la teoría revolucionaria que surgen. Sus formulaciones y tesis se han gestado y desarrollado en medio de la práctica social, al fragor de la lucha de clases.
Está  entendido que el conocimiento no parte de cero y que los sistemas de pensamiento se configuran históricamente. La negación de todo principio y las prédicas, ya enmohecidas de que “hay que buscar” partiendo de la nada, hacen parte de la ofensiva oscurantista y contrarrevolucionaria del imperialismo y los demás reaccionarios, incapaces de argumentar con fundamentación científica rigurosa.
Estamos en permanente búsqueda; pero, partiendo de nuestra ideología guía, de los principios y métodos marxista-leninistas.
3. El debate sobre la crisis del marxismo, que tuvo sus momentos álgidos en medio del triunfalismo del imperialismo y la burguesía por la caída de la ex URSS y del bloque del Este, y por la supuesta superioridad del binomio “libre mercado y democracia” de corte neoliberal, ha tenido un decisivo apoyo y ha adoptado elementos básicos de su fundamentación ideológica y teórica en el revisionismo moderno jruschovista. Ese debate hoy está  asentado sobre condiciones diferentes. La crisis financiera mundial, el crecimiento de la pobreza y el rechazo creciente a la negación de las conquistas sociales; los fracasos y limitaciones del neoliberalismo, el descontento con el paraíso prometido -en realidad un infierno- a los pueblos de los países ex socialistas, el repudio que se siente por la agresión imperialista a los pueblos que luchan por su autodeterminación nacional y el reavivamiento del fascismo, el nazismo y la xenofobia, demuestran que la crisis del imperialismo y su sistema, así como del pensamiento burgués, sigue profundizándose y que sus respiros temporales, no cancelan esa tendencia inevitable.
En la actualidad debemos prestar especial  atención al desarrollo del materialismo histórico, como base de nuestra teoría política, y profundizar la lucha contra las corrientes del pensamiento burgués que se agrupan bajo las denominaciones de  modernismo y post-modernismo, así como contra el revisionismo, la socialdemocracia, y contra variantes trotskistas y maoístas.
Han causado mucho daño al marxismo-leninismo todas las tergiversaciones que en su nombre y en el del socialismo se han vertido. El abandono de los principios y la revisión de ellos han aportado una alta cuota de confusión y desmovilización. También las simplificaciones doctrinarias aportan numerosos problemas. 
Quienes "iluminados" por su concepción idealista, decretaron la muerte de las ideologías, no pueden ocultar la miseria de su "obra maestra": la sociedad capitalista ya en putrefacción, sin ninguna posibilidad de recuperación duradera. Quien está  condenado por la vida y la historia a una muerte segura es el mundo burgués.
La llamada crisis de los "ismos" no es más que basura imperialista y burguesa para combatir al proletariado, su ideología, su teoría y, en particular, negar la importancia del partido revolucionario de la clase obrera y su papel  en la revolución.
Condenamos que, al amparo de dificultades que ha vivido el movimiento comunista internacional y procesos revolucionarios concretos, se haga eco al llamado "derrumbe de los principios" para caer en el nihilismo, en el derrotismo, que comportan un pensamiento burgués decadente; o para buscar el camino del revisionismo y la socialdemocracia, o abrazar las tesis del modernismo y post-modernismo, que pese a que se presentan como los "últimos desarrollos" filosóficos burgueses, expresan una reafirmación de su estéril concepción idealista y metafísica, incapaz de ofrecer nada nuevo a la humanidad, como no sea la cultura “Light”.
4. El rompimiento de la bipolaridad internacional o lucha de las dos superpotencias “el social imperialismo soviético y el imperialismo yanqui”, que servía de eje para el análisis de la correlación de fuerzas en el ámbito mundial en el inmediato pasado, no ha modificado la búsqueda de la hegemonía mundial por parte de las distintas potencias imperialistas. El reparto de mercados, el dominio de áreas estratégicas y zonas de influencia, siguen siendo rasgos predominantes.
Si bien existen ventajas en algunas áreas de dominio de la superpotencia yanqui, estas no alcanzan tal magnitud como para considerarla como constitutiva de un único polo mundial de dominación y desarrollo.
El imperialismo mundial, y en especial el yanqui, ha extendido y profundizado su dominio, en tal magnitud que le ha permitido recurrir a las políticas y prácticas de la globalización, lo que le posibilita un mayor dominio y expoliación de los países y pueblos cuyas economías han sido moldeadas bajo sus dictados. Eso le ha permitido ejercer con más fuerza  el monopolio de los mercados y de los movimientos mundiales de capital, producción, comercio, tecnología, ciencia, informática, servicios, recursos naturales, etc. 
No hay en la actualidad barreras nacionales para las grandes potencias y sus pulpos financieros y  grandes transnacionales. Disponen las superpotencias de los Estado Nacionales y de sus fronteras  de acuerdo con sus intereses económicos y políticos. Este ejercicio de su hegemonía no se limita a los países dependientes, coloniales y neocoloniales; también hay una interpenetración de los Estados imperialistas en los distintos campos: económico, financiero, político y militar.
Tales fuerzas imperialistas desatadas, además de arrasar con las economías nacionales de los países dependientes y de arruinar a los pueblos, chocan entre sí. La disputa por la hegemonía mundial se sigue expresando con fuerza, de acuerdo con el rasgo principal que caracteriza las relaciones entre los monopolios e imperialismos, esto es, la competencia y la rivalidad por el dominio mundial. Esto se ve hoy en los choques comerciales y financieros; está presente en las guerras que se expanden por el mundo y en las disputas por el predominio tecnológico y científico en diversos campos.
Quienes creen que los rasgos de la confrontación imperialista sólo se perciben en la disputa comercial y financiera, tienen los ojos cerrados ante la intervención militar en varios países del mundo, ante las numerosas guerras que tiñen de sangre la geografía en los distintos continentes. No ven los riesgos en marcha de una conflagración mundial.
Se trata de una situación cargada de contradicciones y muchos más factores de conflictividad. Ninguna potencia imperialista se resigna al papel de segundones en la disputa por el reparto del mundo, por los mercados para sus mercaderías y sus capitales, por las fuentes de materias primas, por el dominio de las ciencias, la tecnología y de las reservas ecológicas mundiales. La rivalidad ínter-imperialista es  permanente, aguda y en desarrollo. A estos factores de desestabilización hay que sumar la confrontación planteada por  el proletariado y los pueblos del mundo, dispuestos a llevar su causa hasta el final, hasta el hundimiento del imperialismo y el triunfo del socialismo.
5. En la periferia de las grandes potencias imperialistas, una de las tendencias mundiales más importantes es la de formar bloques económicos bajo dominio de una u otra potencia imperialista. Esto hace parte del reacomodo de fuerzas en la disputa por la hegemonía y  el expansionismo propio de las potencias.
Los bloques principales en la actualidad son los liderados por Estados Unidos, que cuenta con el NAFTA y los recientes Tratados de Libre Comercio firmados con diferentes países del continente americano; el de la Unión Europea, en la que Alemania tiene sus pretensiones, sin olvidar las de Francia y otros países; y el del Japón, a la cabeza de los países asiáticos.
En este pugilato, no se puede dejar de mencionar a China, que se ha conformado en fuerte competidor de las potencias mundiales. Como país imperialista, se esfuerza por colocarse a la cabeza del mundo capitalista en Oriente, lo que implica choques frontales, y de inmenso peligro, con el imperio del Sol Naciente. China, que cuenta con gigantescos recursos materiales y humanos, y además hace parte del exclusivo club de Potencias Atómicas, de los avances en la carrera espacial y la cibernética, acrecienta su apetito de dominación mundial. En esa mira, expande sus tentáculos hacia los distintos continentes, especialmente África, Asia y el subcontinente sudamericano.
El imperialismo ruso, venido a menos por la grave crisis en todos los ámbitos que lo azota, y que en lo económico ha adquirido ribetes de bancarrota, y en medio de una grave crisis interna por su voraz hegemonismo hacia las naciones de la ex URSS, también ha conformado su bloque.
La política y práctica de bloques también se ha expresado entre los países dependientes. Su propósito es buscar una mejor inserción en la economía mundial, “ofrecer” a las multinacionales unas dimensiones óptimas de mercado y responder a las orientaciones y necesidades imperiales, en tanto representan un acondicionamiento para que los grandes monopolios -principalmente privados en la actualidad- se apropien del ahorro nacional, extraigan más plusvalía y se apoderen de nuestras riquezas y recursos naturales.
6. Aumenta el peligro de multiplicación de guerras locales y regionales que se presentan bajo características nacionalistas y/o religiosas, en las que los intereses imperiales se cruzan.
Nuevos factores de conflicto y de guerras, y la agudización de múltiples enfrentamientos es lo que hemos presenciado en el campo del imperialismo mundial. Una mirada de conjunto permite corroborar que este comienzo del siglo XXI está mostrando incremento de la violencia, muertes, agresiones a países, confrontaciones de distinto tipo e importantes índices de lucha popular, de las que no escapa ningún continente. La guerra en sus más variadas formas recorre el planeta, echando a pique la demagogia sobre la paz, muy a pesar del enorme poderío publicitario, que le permite seguir estimulando los sueños de paz de los pueblos en el seno del mundo capitalista.
La militarización de las economías es un rasgo que persiste y se generaliza. No estamos ante la utopía de un mundo sin guerras, sin pugnas ínter imperialistas, ni ante una paz histórica que salve a la humanidad. No se observan cambios serios en materia de desmilitarización, de desmonte de las grandes empresas de muerte y destrucción, ni una reversión sustancial de la industria militar hacia ramas civiles, lo que nos dice que la industria de la guerra sigue siendo parte esencial de la naturaleza del imperialismo, que no detiene sus preparativos para la guerra, no para la paz, acorde con la naturaleza guerrerista y hegemonista del imperialismo, que de este modo, además, garantiza mercados para su industria de guerra.
7. En tanto sistema social, el capitalismo en su fase imperialista está en decadencia. El capitalismo vive una profunda crisis en todos los órdenes, que el neoliberalismo -como supuesta solución económica, según sus apologistas-, no ha hecho sino profundizar. En la medida en que el neoliberalismo polariza los factores de pauperización, desarraigo y explotación, crea condiciones para la agudización de la lucha de clases y para las gestas de liberación nacional y social.
La presente es una importante coyuntura histórica, de profundización de los elementos de autodestrucción del régimen burgués, en el que surgen factores de conflicto cada vez más peligrosos en tanto los distintos bloques imperialistas económicos y políticos buscan ubicarse mejor en el reparto mundial, lo que conduce al acentuamiento de las tensiones y conflictos ínter imperialistas y hacia la guerra entre sí. 
La agresividad  imperialista, y en especial del imperialismo norteamericano y la necesidad de socavar el espacio al adversario, son de tal magnitud que, en contra del repudio y la indignación de los pueblos del mundo, no se pararon en pelos para desatar contra los pueblos de Afganistán, Irak y Servia-Kosovo, la más salvaje agresión. ¿Objetivos?: ampliar su control del mercado del petróleo, en el caso de Irak, y afirmar una cabeza de puente en la estratégica península balcánica, que tiene tanta incidencia en la región del sur-oriente europeo.
Estamos en un período de crecientes inestabilidades económicas y de diverso orden, que serán cada vez más frecuentes y profundas, que acarrearán graves repercusiones, sobre todo en los países dependientes. Estas se expresarán en distintas formas de la crisis financiera y monetaria en los mercados mundiales (tales como el resurgimiento de la crisis de la deuda externa de los países de América Latina), afectando a la vez a los países potencias. Esto estrecha el margen de maniobra de la burguesía y crea  condiciones para el fortalecimiento del movimiento obrero y popular, y la gestación de  crisis  revolucionarias.
Somos los comunistas y los revolucionarios, los obreros y los pueblos los encargados de asestarle el golpe  mortal, y eso nos exige seguir avanzando en el desarrollo de nuestras potencialidades ideológicas, políticas, organizativas y militares. El imperialismo no se hundirá solo, hay que derrotarlo y aplastarlo.
8. La actual crisis del imperialismo, que tiene su base en la profunda crisis económica, es una crisis general, que cubre todas las facetas del sistema capitalista. Es decir, es una crisis profunda de la que no escapan ninguno de los campos de la sociedad: lo económico, lo ideológico, lo político, lo social, lo cultural, lo militar, lo moral, etc.

¿Cómo se expresa esa gran crisis general del capitalismo?
-    Una sobreproducción crónica;
-    Un alto índice de desempleo;
-    Disminución sostenida de la tasa de ganancia;
-    Tendencia a la disminución del Producto Interno Bruto;
-    Persistencia de una situación importante de recesión;
-    Quiebra masiva de la pequeña y mediana  empresa;
-    La gran empresa no ha escapado a esta destrucción sin precedentes, que incluye poderosos  monopolios.

Las crisis financieras y monetarias muestran que las fuerzas de los mercados de capitales mundiales están cada vez más descontroladas y que podrán arrasar economías enteras una tras otra, en un futuro no muy lejano.
La crisis también se manifiesta en el desbarajuste de los partidos políticos burgueses y, en algunos países como Colombia, ha estado adobada con énfasis por las violaciones de los derechos humanos, destapando la realidad detrás de una maltrecha o inexistente democracia. La endeble situación política ha dado lugar a hablar de ingobernabilidad, ha producido caídas de gobiernos, ha resquebrajado las instituciones y ha atizado las contradicciones internas en el seno de la burguesía.
En la esfera ideológica, hay desgaste de las propuestas y expresiones de escepticismo. Su filosofía decadente deja asomar fácilmente su rancio idealismo, recurre a mistificaciones poco consistentes y junto con su decadentismo cobran fuerza ideologías y prácticas abiertamente fascistas.
El imperialismo dispensa inmensos recursos en publicidad, en la fragmentación y en la destrucción de las reservas morales de los pueblos, de todo lo colectivo y progresista, tiene que acudir con mayor saña y frecuencia a su fuerza bruta. Un recurso revelador de esta cruda situación es la ola de satanismo y descomposición moral que proyectan por todos los medios masivos de comunicación (radio, prensa, televisión, cine) dirigidos a todas las edades y géneros, pero principalmente a la niñez y a la juventud. Es el sacrificio bestial del más rico tesoro del presente y el futuro de la humanidad: la juventud y la niñez. Destacamos el peso que ha cobrado la corrupción -oficial y privada- y las sacudidas que ha producido en diferentes países.
La ofensiva neoliberal, a la que se vio empujado como un medio para enjugar su crisis económica, obligó al imperialismo a poner en función medidas políticas, sociales, ideológicas y militares, que le permitieran contar con dispositivos y recursos para ponerle cortapisas al desbordamiento popular en protesta por el impacto destructor en la economía de los trabajadores y de los países dependientes. La difícil situación de la burguesía en el campo económico, impulsa la tendencia hacia la derechización de los regímenes políticos en el mundo, lo que a su vez despierta la lucha de los pueblos.
9. El mundo atraviesa por una fase en la que se ha acentuado la inestabilidad general, como resultado de la gran crisis del imperialismo -que arrastra detrás a las burguesías locales- y la lucha que libran los pueblos. El que esto revierta en favor de la expansión del movimiento revolucionario en el orbe depende de un conjunto de factores, entre los cuales nos interesa destacar la maduración del elemento subjetivo, de la conciencia, organización y lucha de la clase obrera y los pueblos.
La misión de los comunistas es buscar que el factor subjetivo madure y se convierta en fuerza de transformación. Precisamente, debilidades en este terreno han permitido al imperialismo y la burguesía recomponerse y mantener su dominio, pese a su profunda crisis. Estamos ante la necesidad de convertir la posibilidad de la revolución en una realidad. Y esto nos convoca a redoblar nuestro trabajo, corregir errores y superar debilidades. De no lograrlo, la reacción puede hacer recomposiciones que nos signifique retrocesos o estancamientos -así sean temporales y parciales- que pueden utilizar para afianzar tendencias fascistas o para promover salidas reformistas, o combinando unas y otras.
El desarrollo de las diversas expresiones de las  luchas de clase que hoy se presentan en el mundo, en medio de la crisis que se profundiza y de los enfrentamientos ínter imperialistas, contribuyen a acentuar el cuestionamiento del poder burgués en áreas cada vez más amplias. Al mismo tiempo que hoy se pone en cuestión hasta el porvenir, la independencia y la soberanía de los Estados-naciones, se acumulan razones y fuerzas para que se levante un amplio movimiento antiimperialista.
La crisis del imperialismo se siente a escala mundial, así como la intensificación de la explotación y la represión. Si bien estos fenómenos tienen mayores efectos destructores en los pueblos y países dependientes, también se dan en la clase obrera y pueblos de los países desarrollados, en donde también la revolución y el socialismo es una necesidad.
Un somero repaso a ciertas situaciones nos da una idea del mundo de comienzos del siglo XXI. La civilizada Europa se ha visto sacudida por conflictos, como el de la antigua Yugoslavia. Estos conflictos, no se explican por razones étnicas, así ellas estén presentes. Detrás de ellos están los intereses de varias potencias y por factores económicos y políticos que alimentan ese tipo de confrontaciones.
El imperialismo europeo se ha visto también sacudido por las movilizaciones de diferentes sectores, en especial de la clase obrera. Ante el empuje de las masas han caído gobiernos, la burguesía se ha visto obligada a retirar leyes y proyectos nocivos a los intereses populares y a frenar la aplicación de políticas neoliberales. Especial mención merece el no a la Constitución Europea de los pueblos de Francia y de los Países Bajos, que traduce el rechazo de los pueblos europeos a la construcción de la Europa Imperialista.
Uno de los continentes que mayores focos de guerra soporta en la actualidad es África. Allí los distintos imperialismos han intervenido de manera descarada para impedir el desarrollo de la lucha de liberación de los pueblos y mantener sus dominios o conquistar nuevos -que son sus razones de fondo-, pero puestas en escena como si fuera el  producto de los conflictos entre nacionalidades y etnias, aún sin resolver.
Persiste el problema palestino y árabe en general, que se prolonga por décadas, atizado por el imperialismo yanqui con la participación de otras potencias imperialistas, interesados en el control de esa zona de alto valor estratégico. Las guerras de liberación Nacional emprendidas por los pueblos Afgano e Iraquí dan cuenta del fracaso del imperialismo en la región, que no logra estabilizar su dominio económico, político y militar.
En América Latina continúan la lucha antiimperialista y las protestas contra la aplicación del neoliberalismo, la globalización, y sus terribles secuelas; contra la corrupción; por la liberación nacional y social. Persisten los movimientos guerrilleros en varios países y  fuerzas políticas revolucionarias se preparan para nuevos y más elevados enfrentamientos.
En el curso de estos años que han seguido al derrumbe total de la URSS revisionista y a la plena integración de las economías del Este ex socialista al circuito del capitalismo mundial, no se han logrado ni la superación de la crisis, ni la prometida paz. Por el contrario, ambos factores presentan un empeoramiento y afectan en materia grave a los pueblos de los países del ex campo revisionista soviético. El descontento con el paraíso prometido -cada vez más lejano- y la falacia de la democracia burguesa que daría bienestar a todos se sigue generalizando.
En Rusia han vuelto a surgir y manifestarse los partidos, la clase obrera  y sectores de masas, que de nuevo reclaman y buscan opciones de izquierda. Varios partidos y grupos, que se reclaman marxista-leninistas han empezado a generar situaciones de confrontación a las políticas imperialistas rusas, retoman el camino de la lucha de clases, buscan organizarse y organizar a los trabajadores. Están dando pasos de contacto con las fuerzas y organizaciones marxista-leninistas, revolucionarias y progresistas en el exterior, en el propósito de difundir una situación poco conocida o distorsionada, y potenciar su actividad democrática y revolucionaria interna e internacional. Los marxistas-leninistas del mundo debemos apoyarlos; pero aun no se ve claro el rumbo de tales esfuerzos, que tienen  expresiones promisorias. En todo caso, condenamos, sin ninguna duda, al imperialismo ruso por su criminal política de agresión y explotación de los pueblos que luchan  por su autodeterminación y el progreso social  independiente.
En el Asia existen situaciones, como la de Filipinas e Indonesia, que han alcanzado un alto nivel de confrontación armada. Son significativas las acciones masivas de luchas contra el régimen y sus políticas de exacción en Japón, Corea del Sur, India, Pakistán, etc. Se ha ido formando un movimiento antiimperialista importante y se mantienen latentes contradicciones entre países del área, del bloque asiático con sus competidores occidentales, y de los trabajadores frente a las burguesías dominantes.